Veo en tablones repartidos por las distintas plantas de las oficinas de un gran grupo de comunicación en España el siguiente aviso a modo de resultado de una investigación que desvela una infidelidad: “Este Comité tiene conocimiento de que se está contratando gente cuando, a la vez, se está despidiendo a compañeros. La empresa no está cumpliendo con su compromiso de recolocación de los trabajadores dentro de la misma”.

Eso es verdad. Se están contratando profesionales con perfiles que no existen dentro de las compañías. Porque, a excepción de ese comité de empresa, todos sabemos que todos no valemos para todo, cuestión ésta deseable, pues indica un grado de especialización de los perfiles profesionales propios de modelos productivos más avanzados.

Todos no valemos para todo, cuestión ésta deseable, pues indica un grado de especialización de los perfiles profesionales propios de modelos productivos avanzados.

En otro grupo de comunicación, tras una serie de despidos, un trabajador le preguntó a su directora de área: “¿me garantizas que mantendré mi puesto el año que viene?”, a lo que ésta contestó: “no puedo garantizar ni tu puesto ni el mío si no garantizamos los objetivos”. De cajón.

¿Por qué, en la primera empresa, al Comité se le garantizó algo que además de falso es indeseable en un entorno de cambio que exige nuevos perfiles profesionales? ¿No es superior el segundo ejemplo, donde un segmento directivo transmite una realidad a partir de la cual sea posible formular una estrategia?

Pero lo más importante, ¿somos conscientes los profesionales de nuestra ineludible necesidad de reciclarnos continuamente para, ante los cambios, no quedar fuera de juego con sensación de que nos han puesto los cuernos?

¿Somos conscientes de nuestra ineludible necesidad de reciclarnos continuamente para no quedar fuera de juego?

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