Niños competitivos o mejores

¿Niños competitivos? No, niños mejores.


 

¿Es legítimo intentar que tu hijo tenga una preparación y unos medios que le ayuden a destacar en su entorno y, por tanto, que le permitan afrontar con las mejores garantías el futuro? Pues parece legítimo. Y exigible.

He elaborado, para ello, una lista de pautas para que nuestros hijos destaquen y sean más competitivos. También hago algunas indicaciones sobre su coste, económico y de tiempo. La efectividad de todas ellas es extraordinaria. Al grano:

1. Léeles ya el cuento de la cigarra y la hormiga.

Atención, porque como lo entienda, ya le has situado, de un plumazo, en el percentil 95 de los niños más competitivos de su generación.

Coste: gratuito, lo encontrarás en internet. Y 10 minutos para leerlo y comentarlo cada 3 meses entre los 5 y los 8 años.

2. Díselo cuanto antes: “la vida no siempre es justa”.

Es gratis de explicar cuando, por ejemplo, tienes más de un hijo. Lo entenderán rápido cuando les apagues a todos la tele porque sólo uno de ellos no despegó la nariz de la pantalla como le pediste. O cuando lleguen a casa con una mala calificación injusta (“nos han suspendido a todos porque fulanito no paraba de hablar”). Aprovecha esta oportunidad para explicarle que la vida no siempre es justa, en vez de hacer el ridículo en tu papel de padre protector y responder con ese patético “¡ya hablaré yo con el profesor!” Más patético y contraproducente que esa respuesta ya sólo es ir y hacerlo.

Como bien indica Terry Gragera, esto les ayudará a tolerar la frustración, sentimiento al que, por cumpla de los padres, muchos niños se enfrentan ya demasiado mayores, quizás ya desarmados y sin músculo para ello.

Más adelante entenderán además que la vida no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos.

Coste: gratuito.

3. Viaja con él. Mucho. Siempre que puedas.

Porque eso le ayudará a entender el mundo en el que vive. Entenderá que su modo de vida es muy poco representativo. Hay otros idiomas, otras razas, otras culturas, otros valores sociales. Entenderá simplemente que hay “otros” y que todos ellos representan mucho más que él.

Y entenderá fácilmente que el mundo está lleno de oportunidades, pero que no todas habrán de pasar por la puerta de su casa.

Atención: si eres un nacionalista que cree en la superioridad de la raza o el terruño, este punto puede poner en peligro tu autoridad como padre de la criatura, vamos, que te mirará con una media sonrisa que no te va a gustar; aunque quizás no hayas entendido nada y nunca pongas en práctica lo de viajar mucho, preservando tu caduca forma de entender el mundo que tanto daño ha producido en la historia.

Coste: esto sí tiene un coste económico, dependiendo del destino. Lo harás con gusto.

Ah, dije viajar, no hacer turismo.

4. Transmítele el placer de la lectura.

Es la forma más barata de viajar y de crecer. Y la mejor prevención frente al Alzheimer. En papel o en libro electrónico, pero leer y leer.

Coste: gratuito. Seguro que tu casa está llena de libros y, si no, tienes fácil acceso a ellos.

5. Deporte, idiomas y música.

Es el trinomio mágico. Para fortalecer el cuerpo, engrasar la mente y ensanchar el alma. Y el deporte no sólo fortalece el cuerpo, potencia los valores del esfuerzo, el trabajo en equipo y fija otras enseñanzas como que la vida no siempre es justa y a veces te mete un gol por la escuadra cuando te atabas las botas. O que uno es como es y que tiene que aceptarse tal cual, y con esas limitaciones decidir si quiere ser portero o delantero, o bien si se divierte más haciendo esgrima que jugando al fútbol.

Coste: te tendrás que rascar el bolsillo, para los idiomas y la música al menos. El balón lo puede poner otro amiguito.

6. Enséñale a subrayar.

Enséñale a subrayar, desde pequeñito. Subrayar es destacar lo importante, darle valor a aquello que lo merece. Si llega a cierta edad y, cuando le preguntas qué tal su viaje a Malta, contesta que era muy difícil aparcar en la playa; o por su jefe, y contesta que tiene un grano en la nariz, dale por perdido. Como padre, no tienes precio.

Coste: gratuito.

7. Hazle un examen diario. Sin tregua.

Antes de dormir, con el uniforme de examinarse: el pijama. Pregúntale “¿qué es lo mejor que te ha pasado hoy?” Le ayudará a ser consciente de lo que le sucede, a jerarquizarlo y, lo más importante, a descubrir esas pequeñas cosas que día a día tiene la fortuna de disfrutar. Esas personas incapaces de ser felices, que no son capaces de disfrutar las pequeñas cosas de su cotidianidad, no hicieron el examen diario de pequeños.

Coste: gratuito. El pijama lo tenía para dormir, no para examinarse.

8. Competencia vs. cooperación.

Avánzale, cuando sea un poquito mayor (de momento, un deporte de equipo es suficiente), una lección muy importante que se pone en práctica en las mejores escuelas de negocio: la cooperación es muy superior a la competición. No sólo moralmente, también por su eficacia.

Coste: gratuito.

9. La familia no falla.

Hazle sentir que su familia es donde él se puede mostrar siempre como es y donde sus padres siempre le querrán. Si se equivoca una o un millón de veces. Si hace lo que se esperaba de él o si no. Este discurso se transmite por nuestra actitud hacia ellos, que entienden mucho mejor que el lenguaje verbal. No te mortifiques si un día les pegaste un mal grito si todo lo demás les indica “papá y mamá me quieren”.

Atención, este punto es muy exigente para los padres, porque no es una verdad absoluta que la familia no falle. Quizás sea más habitual que sí lo haga. De nosotros depende hacerles ver que la suya nunca les fallará, para que en un futuro sientan la obligación de no fallar a la que ellos formen.

Coste: gratuito.

10. Hay gente mejor que otra.

Sí, ya es hora de contarles que hay gente que vale más que otra: la gente buena. Por eso, que la única superioridad que te vean reconocer sea la de la bondad.

Coste: gratuito

11. Enséñales a arriesgar.

El miedo a caerse debilitará su mente y sus músculos, el pánico a equivocarse les bloqueará energías muy necesarias. Que hoy se pongan los zapatos solos, que ya se los cambiarás si el derecho está en el pie izquierdo. De mayores ya sabrán qué zapato va en cada pie, qué actitud es la adecuada para cada momento, qué es lo que nadie ha hecho aún y qué es lo que ellos podrían intentar hacer.

Potencia su creatividad, lo explica muy bien Javier Esteban: “ayúdales a que la desarrollen como prefieran, deja siempre a su alcance todo tipo de herramienta que les permita expresarse: pinturas, cartulinas, recortables, tijeras, plastilinas, arcillas… La creatividad es la semilla de la innovación, lo que les ayudará en el futuro a encontrar soluciones originales a problemas cotidianos”.

Coste: gratuito.

12. Estimula su gusto por hacer algo por primera vez.

Es buena práctica hacer todas las semanas algo que nunca hicieron antes. También que repitan algo que les fascinó.

Coste: gratuito.

13. Pueden ser pequeños caballeros.

No requiere ningún esfuerzo. Verán cómo tú cosechas éxitos y fracasos en cantidades industriales y con sólo mirarte, sabrán que sólo se ha aprendido a competir cuando no se abusa si se gana y cuando no te frustras si pierdes. Es la gran lección.

Coste: gratuito.

14. El perdón les hace fuertes.

Competir es duro, muy duro. Y a veces te hacen trampas, te traicionan. Cuando lo sufran, enséñales a perdonar. Eso les hará más fuertes, más verdaderos, más auténticos. Y les devuelve a una situación superior, porque obtiene más el que perdona que el perdonado. Esto, además, te puede beneficiar si te equivocas como padre y ellos se dan cuenta.

Pero el perdón tiene siempre dos direcciones, la del que lo pide y la del que lo da. No sólo hay que perdonar, hay que aprender a pedir perdón. ¿Por qué? Porque nos hacemos más humanos y humildes. ¿Y qué tiene eso que ver con competir? Todo, la empatía, la humanidad, la humildad son armas que nos ayudan a generar lealtades a nuestro alrededor y, además, hacen nuestro mundo mejor.

Coste: gratuito.

15. Enséñale a decir que no.

En realidad no se trata de enseñarles a decir que no, sino de no enseñarles a decir que sí a todo como una especie de cortesía hacia los que le rodean. Ellos nacen sabiendo decir que no. Lo puedes comprobar cuando les preguntas por qué no hacen tal cosa y contestan “porque no quiero”. Déjale que se exprese y no le enseñes a plegar sus deseos a los de terceros en un ejercicio de educación mal entendida.

Coste: gratuito. Además, le ahorrarás de mayor gastos de psicólogo y cursos de asertividad.

16. La naturaleza es su hogar.

Exígele que cuide la naturaleza como ha de cuidar su casa. Que no ponga los pies en la pared, que no se suba al sofá con las botas de jugar al fútbol… que recicle, que no tire basura en el monte y que sienta la obligación de dejar su entorno natural un poquito mejor de como lo encontró.

Enséñale a sentirse pequeño en la grandeza de la naturaleza, en lo alto de una montaña o en la frondosidad de un hayedo, y que, a su vez se sienta un simple usufructuario de ese gran legado. Y que vivir en armonía con la naturaleza le ayudará a vivir en armonía consigo mismo.

Coste: gratuito.

17. El placer de la excelencia en las pequeñas cosas.

Esta lección tiene también un altísimo impacto. Le ayudará a disfrutar con lo pequeño y a descubrir el placer del trabajo bien hecho. Es importante explicarle que, a menudo, la diferencia entre algo bien hecho y algo mediocre es simplemente la actitud, que cuesta lo mismo hacer las cosas bien que mal. Y que esa actitud le llevará no sólo a obtener mejores resultados sino a disfrutar intentándolos.

¿Y esto cómo se enseña? Muy fácil. Que él haga su cama. Y que se limpie los zapatos. Enséñale esta lección practicando en estas actividades cotidianas. Verás que no habrá quien lleve los zapatos más relucientes, ni habrá cama mejor hecha que la suya. Menudos son dando(nos) lecciones de cómo se deben hacer las cosas.

Coste: gratuito.

18. Enséñales a dar las gracias.

Y alguien pensará que una cosa es la educación y otra la competitividad. Pero es este un buen ejemplo de que pueden ir unidos. Enséñales a decir gracias por todo, por el cielo azul, por la lluvia, por el amigo, por mamá… Un niño que da las gracias es más competitivo porque valora cada cosa que tiene y todas aquellas que conquista.

Coste: gratuito.

19. El ejemplo no es una manera de educar. Es la única posible.

Esto es un axioma, y como tal, no necesita mayor explicación. Pero sí recordarlo. Porque si le pides a tu hijo que lea, que viaje, que haga deporte, que arriesgue, que perdone… mientras te hundes en tu sillón, en vez de hacer algo útil, harás el ridículo.

Coste: gratuito.

20. El hombre es un ser transcendente.

Ahí queda eso. Tú sabrás explicarle por qué. A tu manera.

Coste: gratuito.

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Y aún falta algo que nos debamos aplicar nosotros: los padres podemos decidir ser amigos de nuestros hijos, pero no olvidemos que entonces quedarán huérfanos. Sí, es más fácil ser amiguete que padre, pero no se merecen que tú abdiques.

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Esta me parece una lista con los puntos vitales. Si crees que faltan más y me ayudas, la haré crecer. Así nuestros hijos serán mejores, para lo que no necesitan ser los “únicos mejores”. Ya sabes, cooperación mejor que competición.

Que fácil parece ser padre… hasta que lo eres.

Buen comienzo de semana.

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ACTUALIZACIÓN 28 de diciembre de 2011: incorporo los puntos referentes a la naturaleza y aprender a decir que no.

ACTUALIZACIÓN 29 de diciembre de 2011: Carlos de la Puente me hace llegar esta fotografía que también incorporo:

ACTUALIZACIÓN 29 de enero de 2012: Napoleón Fernández me ha hecho sus aportaciones: es importante perdonar, pero también saber pedir perdón. Y también apunta a la necesidad de enseñarles a dar las gracias por lo que tienen y por lo que conquistan.

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Esta entrada fue publicada el 29 enero, 2012 a las 9:22. Se guardó como Desarrollo profesional, Dirección de personas, Otras y etiquetado como , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

43 pensamientos en “¿Niños competitivos? No, niños mejores.

  1. Patricia en dijo:

    Hace algún tiempo un amigo que me conoce bien – y que, por fortuna, es mi marido- me habló de ti. “Tengo que presentarte a Jorge Segado. Tenéis muchas cosas en común.”.
    Y aunque aún no ha llegado la presentación en persona, me ha remitido este articulo tuyo que no deja de ser una presentación personal, porque en lo que escribes y reflexionas muestras mucho de ti y de tu concepción de la vida.
    Mi nombre es Patricia. Encantada de conocerte. Encantada de leerte y encantada de seguirte.
    Debo decir que me ha gustado todo… menos el título. Totalmente de acuerdo en introducir a los niños en la filosofía del trabajo y el esfuerzo a través de la fábula de la cigarra y la hormiga; en enseñarles que la vida no siempre es justa y en ocasiones no responde como esperamos y creemos merecer (aunque discrepo en aquello de que no siempre da lo que merecemos sino lo que necesitamos); en viajar con ellos y enseñarles el mundo más allá de su mundo, ya sea a pie, en avión o a bordo del medio de transporte más fascinante: los libros; en alimentar su alma a través de la música ( y añadiría, cómo no, la danza, así las disciplinas del mundo clásico); en destacar lo importante y lo valioso de una persona – señalas la bondad y agradezco la cita que no conocía y apunto, añado la honestidad, nobleza y generosidad; en potenciar el valor de la familia y el reconocimiento de lo simple y cotidiano como generador de satisfacción y felicidad; en las ventajas de la cooperación frente al individualismo en que muchos hemos crecido; en perder el miedo a lo desconocido y lo nuevo y estimularles a arriesgar y descubrir…
    ¿Niños más competitivos?. Dejémoslo en niños mejores: con base, con valores, con conocimiento y aptitudes para poder discernir y elegir, sin orejeras, con amplitud de miras y corazòn.

  2. Hola Patricia. Encantado de saludarte.

    Hablaba, hace no mucho, con un buen amigo de lo difícil que era saber qué opina quien te lee. El decía que hace tan sólo un par de años, todo el mundo comentaba en tu blog cada post, pero que ahora, todo el feedback se desparrama por Facebook, Twitter, etc. y pierdes el control.

    Así que cuando alguien, además de leerte, te escribe y te cuenta lo que no le gusta (que es de lo que se aprende), pues miel sobre hojuelas.

    El título “Niños competitivos. Niños mejores” a mí tampoco me vuelve loco, pero es que no he encontrado nada mejor, y es verdad que lo de “niños competitivos” lo he puesto a modo de gancho sabiendo que no es de lo que iba a hablar (es una crítica a la obsesión de algunos padres por crear niños de competición), que es más de niños felices, niños buenos, niños capaces de crecer personalmente y niños asistidos por sus padres.

    Lo siguiente es, ¿cuándo me cuentas quién es tu marido? Te estoy mandando un e-mail y lo acompañamos de un café.

  3. Jorge:
    Creo que también sería importante “que los niños se vean y se acepten como son, no como les gustaría ser”. El mundo va por otro lado y eso genera mucha frustración.
    También considero importante “enseñarles a levantarse” después de un golpe, que por otro lado lo incluiría en “enséñale a arriesgarse”, van de la mano.
    A bote pronto es lo que se me ocurre.

  4. Patricia, no he hecho referencia a la mejor frase que se ha escrito en este blog: “un amigo que me conoce bien –y que, por fortuna, es mi marido- me habló de ti.” Qué suerte tiene tu marido. Contigo.

  5. Pablo, creo que eso lo enseña el deporte, lo incluiré específicamente.

  6. Brilliant
    –es que papá se dejó mucho en el cole de idiomas-

  7. Como siempre, muy elocuente y muy interesante tu reflexión sobre algo que me cuestiono todos los días. De hecho, hay cosas que ya hacía y las haré más conscientemente e incluso algunas que haré propias si me lo permites.

    Pero por poner un “pero”, y como soy algo ciclotímico respecto de mi fe en la buena gente, quizá alguna dosis de rabia y de mala baba (esa mala baba tan típicamente española, como diría Pérez-Reverte) no vendría mal.

    En cualquier caso, es una magnífica reflexión sobre la que debatir cualquier noche de primavera con un buen Jack Daniels en la mesa (¡que no todo va a ser tuitear!)

  8. Por cierto, a mi tampoco me gusta el título. Por poco no lo leo por eso ;)

  9. Hola Ramón, hoy mismo me ha dicho un amigo que hay que incluir “aprender a decir que no”.

    Además de eso, también me han apuntado:

    . cuidar/vivir en armonía con la naturaleza
    . aceptarse como se es (creo que el deporte es buena herramienta)

    y yo creo que también olvidé el placer de las cosas bien hechas.

    En cuanto tenga 10 min. lo actualizo.

    Ah, Patricia y tú sois unos listos. ¡Dadme un título mejor! ¿Quizás “Niños competentes, los niños mejores”?

  10. Anónimo en dijo:

    No seré yo, mi querido amigo, quien le cambie el título a tu artículo. Tú lo has escrito y tú lo titulas, como es lógico, con tu impronta y tu enfoque.
    A mí no me gusta el título, ciertamente, por dos razones básicas:
    1.- No enuncia el contenido del artículo
    2.- A mi no me gusta “el juego de la competencia” que tú defiendes
    El caso es que comienzas a escribir anunciando “una lista de pautas para que nuestros hijos destaquen y sean más competitivos”, y lo que el lector encuentra a continuación es un maravilloso programa de formación vital que nada tiene que ver con la competición, con rivalizar con otro niño o con destacar por encima de los demás.
    Yo no educo a mis hijos para que destaquen. Mi objetivo no es que sean “mejores que” o “superiores a”. Les educo para que sean, sin referencia a otros. Esa es mi opción, aunque entiendo que haya otras.
    Por otra parte, los niños son niños y viven en esa fantástica etapa de la vida que es la infancia. ¿Por qué aplicarles criterios del mundo adulto empresarial?. Lo digo por aquello de “niños competitivos” o “niños competentes”. En efecto, esas pautas les capacitarán y conferirán herramientas y habilidades para desenvolverse en la vida (supongo que por eso has elegido el adjetivo “competentes”). Pero vuelvo a lo mismo: son niños ¡qué caray!; no se enfrentan a un tribunal de oposición, a una entrevista de trabajo, a un ascenso o a un comité de empresa. Definitivamente, a mí, no me convence la asociación.
    Por último, y disquisiciones aparte sobre el título, recordar que el contenido del artículo ME ENCANTA. Gracias por escribirlo, y por compartirlo.

  11. Patricia en dijo:

    Ups! Lo envié sin firmar.

  12. Patricia, a tu pregunta de “¿Niños competitivos?” Tu respuesta es “No, niños mejores”. Pues ya está: “¿Niños competitivos? No, niños mejores”.

    Ramón, Patricia es una lectora. Lo demás son tonterías.

    Sigamos rehaciendo el artículo.

    • Patricia en dijo:

      Una… ¿lectora?. No te referirás a “pasiva” (lectora vs. escritora) porque no he propuesto un título alternativo ¿no?. Oye, que si realmente quieres una composición en equipo, me pongo a pensar a la voz de ya… Aunque veo que ya lo has resuelto perfectamente… Si es que los signos de puntuación dan para mucho.

      • Quería decir que así da gusto, que digáis lo que no os gusta y que insistáis. Es que los comentarios tipo “qué bien”, “me ha gustado mucho” aportan mucho menos.

  13. Ya voy por 18 puntos con las aportaciones de todos…

  14. Ana en dijo:

    Me encanta tu artículo de hecho lo he imprimido para recurrir a él en momentos de “dispersión” que siempre los hay,en cuanto al principio entiendo que es una crítica a todos esos padres q estan más preocupados en que sus niños sean “mejor que o superior a….”q en su propio crecimiento personal,sin obsesionarse porque son niños y tienen que desarrollarse como tales ,pero sí de una manera natural y divertida,hay que educarlos para que sean autosuficientes y que tengan muy integros en ellos el valor de la humildad ,la honestidad…ser autenticos siendo ellos mismos sin necesidad de fingir nada…porque saben decir si cuando es sí y no cuando toca decir no,siempre desde el respeto.
    Y SOBRE TODO….lo de viajar(de la manera que sea)para enseñarles que hay otras formas de vivir la vida y de entenderla,el valor de las personas por encima del “título social que tenga o la ropa que use”y la importancia de conectar con la naturaleza porque nos enseña realmente a posicionarnos en el lugar que nos corresponde.Un fuerte abrazo y un millón de gracias! por todo lo que trasmites en este artículo.

  15. Ana, muchas gracias a ti por tu comentario. Me alegra que te haya gustado y, sobre todo, compartir el espíritu. Un abrazo.

  16. Terry Gragera en dijo:

    Muy interesante tu post, y muy completo. Si me lo permites, añadiría “Enseñarlos a tolerar la frustración”. Resulta tan difícil… y me temo que los padres nos empeñamos constantemente en lo contrario: en intentar que no sufran frustraciones para que no lo pasen mal. Pero el mundo real es otro. ¡Enhorabuena por tu post! Por cierto, a mí sí me gusta el título.

    • Eso lo quería expresar en el punto 2 en el que digo que la vida no es justa, pero he añadido unas líneas para hacerlo más expreso. Muchas gracias, Terry, porque tu opinión me vale muchísimo.

  17. Anónimo en dijo:

    Hola Jorge, soy silvia la hermana de Francois, y el me ha reenviado tu correo , y decirte que me ha encantado tu articulo.Soy madre de un niño de cinco años y quieres lo mejor para el y muchas veces te das cuenta que lo que estas haciendo pensando en su bien , NO ES LO MEJOR.
    SALUDOS

    • Hola Silvia, es un placer saludarte. Muchas gracias pero, sobre todo, cuánto me alegro de que te haya gustado el artículo ¡y de que François te lo haya recomendado!

      Es muy difícil mantener ese equilibrio en la educación de nuestros hijos entre lo que les damos y lo que les hurtamos por no enseñarles a conseguirlo. Creo que es mejor quedarmos escasos en lo primero que en lo segundo, para no dejarlos desarmados frente a su futuro.

      Pero sobre la educación de los hijos, cuánto más fácil es hablar de ella que practicarla… Esperemos que nos sepan perdonar por los errores.

      Un fuerte abrazo.

  18. Pingback: ¿Niños competitivos? No, niños mejores. « Gestión de la Salud y gestión sanitaria

  19. Elsa Chaves en dijo:

    Enhorabuena Jorge. Me ha encantado 0

    • Gracias a ti, Elsa. Dobles, por leerme y por enviar un comentario. Hagamos entre todos niños mejores. Por ellos y por nosotros. En ese orden.

      Un abrazo.

      • Elsa Chaves en dijo:

        Lo he enviado sin darme cuenta antes de terminar lo que quería poner. Solo dos cosas: una tontería y una importante.
        Yo soy más del cuento de La liebre y la tortuga.
        Lo más interesante de tu lista (que tendré a mano porque es muy buena) es que para llevarla a cabo hace falta TIEMPO CON NUESTROS HIJOS. Estoy convencida de que uno de los mayores daños que estamos haciendo a los niños hoy día es privarles de la presencia de los padres. Una presencia verdadera, con tranquilidad y con atención. Es lo que a ellos les proporciona más seguridad y felicidad y lo que les permitirá amarse a sí mismos y respetarse. Me he puesto trascendental, eh! Y eso ¿cómo se conjuga con nuestra vida frenética, todo el día corriendo de un lado a otro para sacar adelante nuestros asuntos en este momento tan exigente qué los ha tocado vivir? Pues mal, esa es la realidad.

  20. Elsa, tú te preguntas y te respondes. Y creo que acertadamente. ¿Cómo se conjuga pasar tiempo con nuestros hijos con nuestra vida frenética? Mal, fatal. Se extendió el mito de los tiempos de calidad. Eso es una trampa, o una coartada, en realidad. No hay que buscar un momento especial en el que hacer con ellos algo extraordinario. Porque lo mejor es enemigo de lo bueno. Cualqiuer momento, cualquiera, que estemos con ellos tiene un valor enorme.

    Pero sí, hay que ordenar muy bien nuestras agendas y apretar mucho todo lo demás para dejarnos un hueco.

    Qué fácil parece ser padres… hasta que te pones a ello, ¿verdad?

    Un abrazo.

  21. Pingback: Los posts más leídos de 2012 en el blog de Jorge Segado « El blog de Jorge Segado

  22. Jose en dijo:

    Hola recien descubri el blog hoy en el 2013 y especialmente este post que me gusto y concido mucho con tu opinion, incluso con tu ultimo comentario sobre el quality time y que lo mejor es enemigo de lo bueno.
    Me gusta que la gente piense distinto a como va el mundo y celebro tu blog y voy a estar atento a el.
    Soy un Argentino viviendo en el sur de California y desde aca te saludo y gracias.

  23. Hola Jorge,

    coincido en todos los puntos pero me ha gustado especialmente lo de lo de subrayar, yo soy muy de subrayar, literalmente, con fosforitos chillones, novelas, biografías, libros de todo tipo, incluidos los de texto… los profesores de mis hijos al principio se mostraban reacios ;)

    añadiría un punto que creo fundamental, quizá en el grupo de la música: Potencia su creatividad, ayúdales a que la desarrollen como prefieran, deja a su alcance todo tipo de herramienta que les permita expresarse, pinturas, ceras, acuarelas, cartulinas, recortables, tijeras, plastilinas, arcillas …. la creatividad es la semilla de la innovación, lo que les ayudará en el futuro a encontrar soluciones originales a problemas cotidianos.

    un abrazo,

    Javier

  24. Pingback: Los posts más leídos de 2012 en el blog de Jorge Segado | El blog de Jorge Segado

  25. ¡Totalmente de acuerdo! Muy interesante, y destaca la claridad a la hora de expresar las ideas; da mucho gusto leerlo.

    Un saludo

  26. Pingback: ¿Pueden educar las marcas? | El blog de Jorge Segado

  27. Realmente espectacular. Digno de impresión y ponerlo en un sitio donde lo podamos ver muchos días y no olvidarnos de cosas como estas. Pero muchas veces sin quererlo y gracias a esta sociedad consumista y de competición,hace que esto sea mas difícil educar a nuestros hijos y que no caigan en estas cosas que están tan a la orden del día. Lo dicho, grande Jorge

    • Diego, nosotros hagámoslo lo mejor que podamos; eso ya es mucho. Con nuestro tesón, mucha paciencia y vía nuestros hijos, quizás estemos más cerca de cambiar la sociedad.

      Un abrazo y muchas gracias por tu generosísimo comentario.

      Disfruta del camino con tus hijos.

  28. Qué placer leer este tipo de texto, cuando existen bobadas como este libro: Educados para ganar.

  29. Ana Álvarez en dijo:

    Deben ser casualidades de la vida, pero recuerdo que lei este post hace algún tiempo y realmente sentí resumía muchas, no sé si todas, después de las distintas correcciones o incorporaciones que has ido añadiendo, los puntos que considero (y consideramos como matrimonio) fundamentales en la educación de nuestros hijos. Quise escribirte y no lo llegué a hacer. Ahora lo he vuelto a leer saboreando cada una de las pautas que describes y he intentado resumir en una sola cómo intento y quiero educar a mis hijos: quiero que se sientan seguros con cualquier camino que decidan tomar en su vida, aunque fracasen, y que sean tolerantes a ese fracaso. Y hablo de tirarse por un tobogán, nadar sin flotador, ir solos al colegio, o querer ser astronautas. Y hacemos niños seguros cuando les enseñamos el cuento de la cigarra y de la hormiga, cuando les hacemos saber que la vida no es justa, cuando viajamos con ellos y sienten toda la diversidad, cuando les animamos a leer, cuando…..y así hasta el punto 20. Como ves, no tengo mucho más que añadir. Muchos besos en especial a Cristina.

    • Pues sí, al final queremos que se sientan cómodos en sus zapatos, confiados, libres y tolerantes al fracaso. Felices, al final. Parece que no es casi nada, pero si lo conseguimos habremos conseguido personas mejores para un mundo mejor.

      Muchos besos para todos, en especial para ti, que me lees, que no es poco. Me acuerdo de ti cada vez que veo una conexión a mi blog desde Indonesia (hoy 4) ;-)

  30. Pingback: Examen diario [NIÑOS] | Noelia López-Cheda

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