¿Es legítimo intentar que tu hijo tenga una preparación y unos medios que le ayuden a destacar en su entorno y, por tanto, que le permitan afrontar con las mejores garantías el futuro? Parece legítimo. Y exigible.

He elaborado, para ello, una lista de pautas para que nuestros hijos destaquen y sean más competitivos. También hago algunas indicaciones sobre su coste, económico y de tiempo. La efectividad de todas ellas es extraordinaria. A por ello, que el tema es de la máxima importancia:

 

1. Díselo cuanto antes: “la vida no siempre es justa”.

Es muy fácil de explicar cuando, por ejemplo, tienes más de un hijo. Lo entenderán rápido cuando les apagues a todos la tele porque sólo uno de ellos no despegó la nariz de la pantalla como le pediste. Pero también lo será cuando llegue a casa con una mala calificación injusta (“nos han suspendido a todos porque fulanito no paraba de hablar“). Aprovecha cualquier oportunidad para explicarles que la vida no siempre es justa, en vez de hacer el ridículo en tu papel de padre protector y responder con ese patético “¡ya hablaré yo con el profesor!” Más patético y contraproducente que esa respuesta ya sólo es ir y hacerlo.

Esto le supondrá la gran lección de la vida: aprender tolerar la frustración, sentimiento al que, por culpa de los padres, muchos niños se enfrentan demasiado mayores, quizás ya desarmados y sin músculo para ello.

Más adelante entenderán además que la vida quizás no nos da lo que merecemos, sino lo que necesitamos.

Coste del aprendizaje: gratuito.

2. Léele ya el cuento de la cigarra y la hormiga.

Atención, porque como lo entienda, ya le has situado, de un plumazo, en el percentil 95 de los niños más competitivos de su generación: “Mejor harías en recoger provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería”, dijo la hormiga.

Coste del aprendizaje: gratuito; la encontrarás en internet. Y 10 minutos para leerlo y comentarlo cada 3-6 meses entre los 5 y los 8 años.

3. Viaja con él. Mucho. Siempre que puedas.

Le ayudará a entender mejor el mundo en el que vive. Entenderá que su modo de vida es muy poco representativo. Hay otros idiomas, otras razas, otras culturas, otros valores sociales. Entenderá simplemente que hay “otros” y que todos ellos representan mucho más que él.

Y entenderá fácilmente que el mundo está lleno de oportunidades, pero que no todas habrán de pasar por la puerta de su casa.

Coste del aprendizaje: esto sí tiene un coste económico, dependiendo del destino. Lo harás con gusto.

Ah, dije viajar, no hacer turismo.

4. Transmítele el placer de la lectura.

Es la forma más barata y enriquecedora de viajar y de crecer. Y la mejor prevención frente al Alzheimer. En papel o en libro electrónico, pero leer y leer.

Coste del aprendizaje: gratuito. Seguro que tu casa está llena de libros y, si no, tienes fácil acceso a ellos.

5. Deporte, idiomas y música.

Es el trinomio mágico. Para fortalecer el cuerpo, engrasar la mente y ensanchar el alma. Y el deporte no sólo fortalece el cuerpo, potencia los valores del esfuerzo, el trabajo en equipo y fija otras enseñanzas como que la vida no siempre es justa y a veces te mete un gol por la escuadra cuando te atabas las botas. O que uno es como es y que tiene que aceptarse tal cual, y con esas limitaciones decidir si quiere ser portero o delantero, o bien si se divierte más haciendo esgrima que jugando al fútbol.

Los idiomas estimularán su desarrollo cognitivo, responderán a problemas o estímulos con un proceso mental más veloz, analizando y comparando información, distinguiendo con más facilidad el ruido de lo esencial.

La música desarrollará sus habilidades de lenguaje y creatividad. Y les hará más optimistas. Y podrán emocionarse con ella.

Sin ánimo de limitar otras disciplinas artísticas: teatro, pintura, fotografía…

Coste del aprendizaje: te tendrás que rascar el bolsillo, para los idiomas y la música al menos. El balón o la comba lo pueden poner otros amiguitos.

6. Enséñale a subrayar.

Enséñale a subrayar, desde pequeñito. Subrayar es destacar lo importante, darle valor a aquello que lo merece. Si llega a cierta edad y, cuando le preguntas qué tal fue su viaje a Malta, contesta que era muy difícil aparcar en la playa; o por su jefe, y contesta que tiene un grano en la nariz, dale por perdido. Como padre, no habrás tenido precio.

Coste del aprendizaje: gratuito.

7. Hazle un examen diario. Sin tregua.

Mantén la presión; antes de dormir y con el uniforme de examinarse: el pijama. Pregúntale “¿qué es lo mejor que te ha pasado hoy?” Le ayudará a ser consciente de lo que le sucede, a jerarquizarlo y, lo más importante, a descubrir esas pequeñas cosas que día a día tiene la fortuna de disfrutar. Esas personas incapaces de ser felices, que no son capaces de disfrutar las pequeñas cosas de su cotidianidad, no hicieron el examen diario de pequeños.

Coste del aprendizaje: gratuito. El pijama ya lo tenía para dormir.

8. Competencia vs. cooperación.

Avánzale, cuando sea un poquito mayor (de momento, un deporte de equipo es suficiente), una lección muy importante que se pone en práctica en las mejores escuelas de negocio del mundo: la cooperación es muy superior a la competición. No sólo moralmente, también por su eficacia.

Coste del aprendizaje: gratuito.

9. La familia no falla.

Hazle sentir que su familia es donde él se puede mostrar siempre como es y donde sus padres siempre le querrán; si se equivoca una o un millón de veces. Si hace lo que se esperaba de él y si no. Este discurso se transmite por nuestra actitud hacia ellos, que entienden mucho mejor que el lenguaje verbal. No te mortifiques si un día le pegaste un mal grito si todo lo demás les indica “papá y mamá me quieren“.

Atención, este punto es muy exigente para los padres, porque no es una verdad absoluta que la familia no falle. Quizás sea más habitual que sí lo haga. De nosotros depende hacerles ver que la suya nunca les fallará, para que en un futuro sientan la obligación de no fallar a la que ellos formen.

Coste del aprendizaje: gratuito.

10. Hay gente mejor que otra.

¡Pues claro! Ya es hora de contarles que hay gente que vale más que otra: la gente buena. Por eso, que la única superioridad que te vean reconocer sea la de la bondad.

Coste del aprendizaje: gratuito

11. Enséñale a arriesgar.

El miedo a caerse debilitará su mente y sus músculos, el pánico a equivocarse les bloqueará energías necesarias. Que hoy se pongan los zapatos solos, que ya se los cambiarás si el derecho está en el pie izquierdo. De mayores ya sabrán qué zapato va en cada pie, qué actitud es la adecuada para cada momento, qué es lo que nadie ha hecho aún y qué es lo que ellos podrían intentar hacer.

Potencia su creatividad, deja siempre a su alcance todo tipo de herramienta que les permita expresarse: pinturas, cartulinas, recortables, tijeras, plastilinas, arcillas… La creatividad es la semilla de la innovación, lo que les ayudará en el futuro a encontrar soluciones originales a problemas cotidianos.

Coste del aprendizaje: gratuito.

12. Estimula su gusto por hacer algo por primera vez.

Es buena práctica hacer todas las semanas algo que nunca hicieron antes. También que repitan algo que les fascinó.

Coste del aprendizaje: gratuito.

13. Puede (y debe) ser un pequeño caballero.

No requiere ningún esfuerzo, sólo ejemplo. Verán cómo tú cosechas éxitos y fracasos en cantidades industriales y con sólo mirarte, sabrá que sólo se ha aprendido a competir cuando no se abusa si se gana y cuando no te frustras si se pierde. Es la gran lección.

Coste del aprendizaje: gratuito.

14. El perdón les hace fuertes.

Competir es duro, muy duro. Y a veces te hacen trampas, te traicionan. Cuando lo sufran, enséñales a perdonar. Eso les hará más fuertes, más verdaderos, más auténticos. Y les devuelve a una situación superior, porque obtiene más el que perdona que el perdonado. Esto, además, te puede beneficiar si te equivocas como padre y ellos se dan cuenta.

Pero el perdón tiene siempre dos direcciones, la del que lo pide y la del que lo da. No sólo hay que perdonar, hay que aprender a pedir perdón. ¿Por qué? Porque nos hacemos más humanos y humildes. ¿Y qué tiene eso que ver con competir? Todo, la empatía, la humanidad, la humildad son armas que nos ayudan a generar lealtades a nuestro alrededor y, además, hacen nuestro mundo mejor.

Coste del aprendizaje: gratuito.

15. Enséñale a decir que no.

En realidad no se trata de enseñarles a decir que no, sino de no enseñarles a decir que sí a todo como una especie de falsa cortesía. Ellos nacen sabiendo decir que no. Lo puedes comprobar cuando les preguntas por qué no hacen tal cosa y contestan “porque no quiero“. Déjale que se exprese y no le enseñes a plegar sus deseos a los de terceros en un ejercicio de educación mal entendida.

Coste del aprendizaje: gratuito. Además, le ahorrarás de mayor gastos de psicólogo y cursos de asertividad.

16. La naturaleza es su hogar.

Exígele que cuide la naturaleza como ha de cuidar su casa. Que no ponga los pies en la pared, que no se suba al sofá con las botas de jugar al fútbol, que recicle, que no tire basura en el monte y que sienta la obligación de dejar su entorno natural un poquito mejor de como lo encontró.

Enséñale a sentirse pequeño en la grandeza de la naturaleza, en lo alto de una montaña o en la frondosidad de un hayedo, y que, a su vez se sienta un simple usufructuario de ese gran legado. Vivir en armonía con la naturaleza le ayudará a vivir en armonía consigo mismo.

Coste del aprendizaje: gratuito.

17. El placer de la excelencia en las pequeñas cosas.

Esta lección tiene también un altísimo impacto. Le ayudará a disfrutar con lo pequeño y a descubrir el placer del trabajo bien hecho. Es importante explicarle que, a menudo, la diferencia entre algo bien hecho y algo mediocre es simplemente la actitud, que cuesta lo mismo hacer las cosas bien que mal. Y que esa actitud le llevará no sólo a obtener mejores resultados sino a disfrutar intentándolos.

Que él haga su cama. Y que se limpie los zapatos. Enséñale la lección practicando en estas actividades cotidianas. Verás que no habrá quien lleve los zapatos más relucientes, ni habrá cama mejor hecha que la suya. Menudos son dando(nos) lecciones de cómo se deben hacer las cosas.

Coste del aprendizaje: gratuito.

18. Enséñales a dar las gracias.

Y alguien pensará que una cosa es la competitividad y otra la educación. Pero es este un buen ejemplo de que van unidas. Enséñales a decir gracias por todo, por el cielo azul, por la lluvia, por el amigo, por mamá… Un niño que da las gracias es más competitivo porque valora cada cosa que tiene y todas aquellas que conquista.

Coste del aprendizaje: gratuito.

19. El ejemplo no es otra manera de educar. Es la única posible.

Esto es un axioma, y como tal, no necesita mayor explicación. Pero sí recordarlo. Porque si le pides a tu hijo que lea, que viaje, que haga deporte, que arriesgue, que perdone… mientras te hundes en tu sillón, en vez de estar haciendo algo útil, estarás haciendo el ridículo.

Coste del aprendizaje: gratuito.

20. El sufrimiento forma parte de nuestras vidas.

Menuda gana de darles un disgusto, pensarás. Pero, ¿serás capaz de protegerle de eso toda su vida? Seguro que no. No les ocultes una realidad de la que pueden aprender mucho y a la que, además, podrían contribuir aliviándola.

Enséñales a acompañar a quien les pueda necesitar (ya más mayores podrán dedicar una mañana o tarde a la semana), a convivir con la discapacidad y la diferencia; ayúdales a jerarquizar el sufrimiento y a distinguir sus causas. Para poder gestionarlo cuando les llegue y, sobre todo, para que nunca lo inflijan por falta de compromiso, de empatía o de consciencia de gravedad.

Coste del aprendizaje: gratuito.

21. Educar en la belleza y el asombro.

No des nada por supuesto. Experimenta con el asombro como motor del aprendizaje, y recuerda que el asombro es una capacidad natural que hay que cuidar y desarrollar. Respeta los ritmos de tu hijo, sus tiempos, su inocencia, etc. para no destruir su capacidad de asombro.

¿Y la belleza? Es la catalizadora del asombro que oxigena el alma. No olvides que la belleza está en todas partes, no sólo el arte o los museos. La belleza habita en la naturaleza, en el trato humano, en los valores, etc. La belleza es expresión de la verdad y la bondad. Son las tres caras de la misma cosa.

Educa su paladar, su sensibilidad para percibir la belleza.

Coste del aprendizaje: gratuito.

22. El hombre es un ser transcendente.

Ahí queda eso. Tú sabrás explicarle por qué. A tu manera.

Coste del aprendizaje: gratuito.

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Y aún falta algo muy importante: los padres podemos decidir ser amigos de nuestros hijos, pero entonces quedarán huérfanos. Es más fácil ser amiguete que padre, pero no se merecen que tú abdiques. Tú educa, y ellos que jueguen (pauta imprescindible en el desarrollo y crecimiento de un niño).

 

Esta me parece una lista con los puntos vitales. Si crees que faltan más y me ayudas, la haré crecer. Así nuestros hijos serán mejores, para lo que no necesitan ser los “únicos mejores”. Ya sabes, cooperación mejor que competición.

Que fácil parece ser padre… hasta que lo eres.

Buen comienzo de semana.

 

 

 

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