El gran reto de la distribución y la logística es la denominada ‘last mile’ o ‘última milla’, el último eslabón en la cadena de distribución. La última milla es el momento de la verdad. Es cuando hay que entregar, es cuando acaba el proceso, es cuando generamos una sensación.

La última milla es el momento de la verdad. Es cuando cuando acaba el proceso, es cuando generamos una sensación.

Puede no ser lo esperado, puede no llegar en el momento adecuado, puede no estar en casa el destinatario…

Y ese reto, el de llegar hasta el final en condiciones óptimas en las relaciones personales es lo que he decidido llamar también el reto de la última milla en la relación personal y profesional.

Hay ciertas tipologías de “incidencias” en esas relaciones personales y profesionales a las que tenemos que prestar atención y que yo agruparía en cinco:

1. Tras la tempestad viene la calma… o el apagón.

A menudo, como en las compras por impulso, una gran pasión nos mueve en nuestra relación con terceros. Pasado ese primer momento de euforia, las cosas vuelven a la normalidad o, lo que es peor, a la decepción.

A menudo, una gran pasión nos mueve en nuestra relación con terceros. Pasado ese primer momento de euforia, las cosas vuelven a la normalidad o, lo que es peor, a la decepción.

Es cuando contactas urgentemente con un compañero tuyo vía Facebook at Work o con un amigo vía WhatsApp preso del pánico o la urgencia del momento. Digamos que tienes una necesidad vital.

Pero por el camino, esa necesidad quedó cubierta por un tercero o fue resuelta de otro modo. Y entonces ya ni contestas. Vamos, que ni las gracias al esfuerzo posterior del otro.

2. Ni pagado ni agradecido.

Reconócelo. Tienes ángeles de la guarda. Esos con quien siempre puedes contar cuando lo necesitas. En lo personal y en lo profesional. Pero, como los ángeles de la guarda, se han vuelto invisibles. Invisibles para ti, porque cuántos otros los desearían. Si un día te dijeran: “son 2.000 euros” entonces repararías en su tarea, pero como siempre están dispuestos a ayudarte porque sois muy amigos, o tú muy aprovechado, o él muy generoso, pues nada, ni agradecido.

Tienes ángeles de la guarda. En lo personal y en lo profesional. Pero se han vuelto invisibles a tus desagradecidos ojos.

Cabe que seas un aprovechado, pero lo más probable es que seas sólo un imbécil. Vale, un inconsciente. Y la inconsciencia, el entender que tienes derecho a ello, te convierte en un imbécil y, de nuevo, en un desagradecido.

3. Dame diez, quítame una y como si no me hubieras dado ninguna.

¿Eres de esos a los que les dan diez oportunidades por cada una que no pudo ser y te quedas con el ceño fruncido por esta última? Eres idiota, porque menuda gana de hacer el esfuerzo por ti 11 veces con un resultado de 10 satisfactorios sobre 11 y que te quedes con ese cara de acelga.

¿Eres de esos a los que les dan diez oportunidades por cada una que no pudo ser y te quedas con el ceño fruncido por esta última?

4. No quiero que me recuerdes que me ayudaste.

Hay otra interesante tipología de sujetos que fueron ayudados y que, una vez superado el bache, reniegan de su pasado y de quien entonces les ayudó. El que ayudó se convierte en una incómoda baliza que recuerda un pasado igualmente incómodo o decadente, y es mejor hacer como que nada de aquello pasó.

Hay sujetos que fueron ayudados y que, una vez superado el bache, reniegan de su pasado y de quien entonces les ayudó. Este último se convierte en un incómodo recuerdo.

Cabe la posibilidad de que siendo de los que ayudas a tus amigos, no sólo nadie te lo agradezca después sino que te conviertas en objeto de rencor.

5. El envidioso

Es el que no soporta al otro porque lo siente por encima de él. Y la sola contemplación de la persona de éxito genera en el envidioso un ardor desde el esófago hasta la boca del estómago difícil de controlar.

6. El rencoroso

El rencor, que tiene en el perdón un potente antídoto, es otra grave incidencia de esa última milla de las relaciones personales. No aporta nada el rencor por una situación pasada, que quizás no fuiste capaz de leer correctamente, a tus relaciones futuras.

No aporta nada el rencor por una situación pasada a tus relaciones futuras.

La última milla de las relaciones personales y/o profesionales se resuelve en el cuerpo a cuerpo, con la atención despierta, con espíritu de servicio y con una entrenada capacidad de agradecimiento que impidan decepciones e ingratitudes.

La última milla de las relaciones personales y/o profesionales se resuelve en el cuerpo a cuerpo.

Y como ya está consiguiendo la distribución en algunos innovadores proyectos, sin humos.


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