A nadie se le ocurre una buena idea cuando se siente perseguido por un tigre”. Esta frase fue pronunciada por un miembro de la Junta de Tesla a Elon Musk (No man comes up with a good idea when being chased by a tiger; Dr. Elon & Mr. Musk) y he llegado a ella gracias a una conversación con Carlos Hinchado, experto en seguridad psicológica en las organizaciones y Socio Director de Navitas for Change.

Es fácil imaginar que esta persona se refería a “tigre” de forma metafórica, poniendo énfasis en la capacidad que tienen determinadas reacciones y comportamientos de algunas personas en las organizaciones para generar temor.

Esta actitud de generar un clima de temor o inseguridad, consciente o inconscientemente, por parte de jefes y/o compañeros siempre ha existido en las organizaciones y, mucho me temo, siempre existirá. La única diferencia es que, ahora, ya tenemos “la foto completa” de lo que estas actitudes provocan, no sólo en la salud mental y emocional de los equipos, sino, también, en la rentabilidad y prosperidad de las organizaciones.

Es momento de hablar de la seguridad psicológica en las organizaciones

Muchos hemos tenido la experiencia de ser convocados a una reunión de equipo en la que intuimos que se está buscando un culpable ante un problema que ha surgido y no tanto resolver un problema. Ante esta percepción, nuestro sistema simpático se activa, generando una cascada de reacciones fisiológicas que preparan el organismo para defenderse, en lugar de prepararse para buscar soluciones.

En el cerebro, el hipotálamo lanza una señal a las glándulas suprarrenales y se activan dos hormonas; la adrenalina y el cortisol. El corazón y la respiración se aceleran y la capacidad de razonar disminuye, porque la corteza prefrontal se desconecta. El cortisol también dificulta la capacidad de recordar datos, por lo que tenemos, en un momento clave, la capacidad cognitiva reducida; y no sólo en ese momento, sino mientras el cortisol esté presente en el torrente sanguíneo, es decir, todavía durante algunas horas más.

En el gráfico adjunto, se puede observar cómo el hecho de enfrentarnos a una situación percibida como amenazante, acelera el ritmo cardiaco y éste, una vez desaparece la amenaza, tarda mucho en volver a situación basal. La explicación está en la presencia de hormonas en el torrente sanguíneo que no desaparecen inmediatamente.

Con esta breve explicación, ya tenemos una idea de lo que le sucede a la persona cuando es sometida a una situación de estrés y cómo puede impactar mental y emocionalmente, pero… ¿qué le pasa a la organización en la que trabaja esta persona? ¿Cómo afecta la falta de seguridad psicológica de las personas a la rentabilidad de las organizaciones?

¿Cómo afecta la falta de seguridad psicológica de las personas a la rentabilidad de las organizaciones?

Para responder a esta pregunta me voy a apoyar en una investigación que realizó recientemente el gigante tecnológico Google para la que entrevistó a 15.000 empleados para averiguar cómo crear el equipo perfecto. Identificó 5 variables que diferenciaban a los equipos de alto desempeño del resto:

Seguridad Psicológica

Confianza: los miembros del equipo terminan las cosas a tiempo con un alto nivel de calidad.
Estructura y claridad: los miembros del equipo tienen metas, planes y roles claros.
Significado: el trabajo es, personalmente, relevante para los miembros del equipo.
Impacto: los miembros del equipo piensan que su trabajo importa y genera cambio.
Seguridad psicológica: los miembros del equipo aportan sus opiniones e ideas de una forma transparente, sin temor a consecuencias negativas.

De las cinco variables, la seguridad psicológica resultó ser la número uno que diferenciaba a los equipos de mayor desempeño. De hecho, las otras cuatro variables sólo demostraron ser valiosas cuando estaba presente la seguridad psicológica.

¿Qué retorno ofrecían estos “equipos perfectos” en Google?
• Generaban más ingresos (casi el 50% en equipos de ventas).
• Aprovechaban mejor el poder de la diversidad de ideas.
• Eran calificados como efectivos con el doble de frecuencia por parte de los ejecutivos.
• Tenían menor tasa de rotación.

«Las organizaciones con un mayor nivel de seguridad psicológica tienen un mejor desempeño en casi cualquier métrica o KPI»

Amy C. Edmondson

Una vez hemos visto el impacto que tiene la falta de seguridad psicológica en las personas y en las organizaciones, podemos trabajar sobre los síntomas o sobre el problema real.

Por trabajar sobre los síntomas me refiero a desarrollar resiliencia en los equipos para sobreponerse a un ambiente adverso. Durante los últimos años muchas organizaciones han invertido tiempo y recursos en “capacitar” a sus empleados para enfrentarse a la adversidad y superarla, sin valorar que parte de esa adversidad era generada de manera innecesaria por determinados estilos de dirección tóxicos.

Por supuesto, es conveniente, incluso necesario, enseñar a reducir el estrés a nuestros equipos y empleados, pero… ¿y si enseñáramos a los directivos y equipos a no generarlo o amplificarlo? Con este enfoque, estaríamos trabajando sobre el problema real. Para ello, debemos preguntarnos, ¿qué necesitamos hacer para crear un entorno de trabajo de cuidado y respeto?

¿Y si enseñáramos a los directivos y equipos a no generar estrés o amplificarlo? ¿Qué necesitamos hacer para crear un entorno de trabajo de cuidado y respeto?

La honestidad, la vulnerabilidad, la comunicación, compartir información, son principios clave para generar seguridad psicológica. Ninguna organización debería facilitar el acceso a puestos de responsabilidad a personas que no hayan mostrado previamente estas actitudes y comportamientos. Y yendo un poco más allá, no se justifica la incorporación a una organización de perfiles que hagan del ataque a esos principios parte de su marca personal.

El entorno actual requiere crear y mantener la seguridad psicológica en las organizaciones para que prosperen, especialmente si son necesarias altas dosis de creatividad e innovación. No obstante, en palabras del padre de la gestión de la calidad total, W. Edwards Deming, “debemos ser realistas sobre el hecho de expulsar el miedo de una organización; será un viaje”.

¿En qué consiste ese viaje? En primer lugar, es importante hacer un diagnóstico de la situación de partida. Para ello, podemos contar con la herramienta psicométrica PSI (Psychological Safety Index), a través de la cual un equipo puede conocer cuál es su situación actual y compararse con una base de datos global que ha desarrollado la profesora de Harvard, Amy C. Edmondson, durante más de 20 años de investigación.

La profesora Edmondson identificó cuatro dominios que garantizan una buena seguridad psicológica:

Inclusión y diversidad: Cuando los miembros del equipo se sienten incluidos, están más inclinados a hablar, contribuir y aportar al grupo.
Voluntad de ayudar: Cuando las personas pueden ayudarse entre sí o se sienten apreciadas por los miembros del equipo, aumenta su seguridad.
Actitud para asumir riesgos y fracasos: Cuando los miembros de un equipo no se culpan por los errores que cometen, buscan soluciones a los mismos.
Conversaciones abiertas: Cuando un equipo tiene conversaciones francas y abiertas es más capaz de enfrentarse a los problemas.

Es importante que participen en la encuesta todos los miembros del equipo, ya que hay que huir de la idea de que es trabajo exclusivo del jefe crear seguridad psicológica. Por supuesto que el jefe es importante, fundamental, pero el resto del equipo también.

Una vez identificada la situación actual del equipo es el momento de trabajar los resultados, presentados de forma agregada, para preservar la seguridad psicológica del grupo, identificar acciones, desarrollar planes de acción y darles seguimiento, para garantizar alcanzar los objetivos del equipo en cuanto a seguridad psicológica se refiere.

Como conclusión, cuando juegas a no perder es posible que no fracases, pero pierdes oportunidades de crecer, de innovar y de experimentar una mayor conexión con tu entorno. Quizás, la mejor manera de experimentar seguridad psicológica es actuar como si ya la tuvieras.

¡Mira a ver qué pasa!