Es habitual la pregunta que todo directivo o profesional se hace en repetidas ocasiones a lo largo de su carrera: ¿necesito un mentor?, lo que a su vez genera una batería de preguntas en aquellos profesionales que ofrecen ese servicio de mentoría o de acompañamiento directivo.

Si buscas mentor, evita el riesgo del mito del único mentor. Si ofreces servicio de acompañamiento directivo, evita pensar que todos podemos dar ese servicio.

A lo largo de este artículo, intentaré responder a las dos grandes preguntas que se generan a ambos lados, desde las distintas perspectivas: las del mentor y del mentee.

¿CÓMO Y CUÁNDO ELEGIR UN CONSEJERO, ADVISOR O MENTOR?

Desde la perspectiva del profesional o directivo que se plantea la búsqueda de un consejero, un advisor o un mentor, el artículo Why You Need Multiple Mentors, de Alyssa F. Westring, publicado en la Harvard Business Review, resulta esclarecedor.

Westring señala el error de partida de la pregunta ‘¿necesito un mentor?’, entendiendo que esta ha de ser ‘¿cuántos mentores necesito?’

Explica Westring que cuando se trata de buscar mentor o consejero, no se ha de pensar en uno único. La visión más enriquecedora es la que se deriva de los consejos de varios de ellos. Al margen de otros consejos para el ‘mapeo’ de mentores, hay dos que me parecen esenciales (el segundo consecuencia del primero):

  • Crea una lista de los diferentes tipos de necesidades que te surgirán desde donde estás ahora hasta donde quieres llegar. Piensa de forma creativa y expansiva y sin olvidar el apoyo emocional.
  • Identifica en qué areas tienes carencia de ellos o estos son inadecuados (los que te complementan en áreas en las que no son especialmente adecuados para brindar asesoramiento).

Atención a la falsa seguridad que nos genera, por tanto, encontrar un mentor. Cuando, generalmente, nuestra organización nos asigna un mentor formal o lo identificamos nosotros mismos, asumimos que hemos alcanzado una meta.

Uno de los beneficios de tener un mentor es que puedes aprender de sus experiencias pasadas. Si hace las preguntas correctas, podrás sumar su experiencia y su visión. Pero desde esa perspectiva, el consejo que dará está determinado por su trayectoria profesional, valores y objetivos. Habrás de estar atento al sesgo que esto supone.

Esta debilidad es equivalente con un mentor o con varios, pero de cuantos más mentores dispongas, más amplia será la perspectiva generada. Enriquecer esa perspectiva es muy difícil desde la creencia de estar asistido por “uno sólo, el mejor de ellos”.

Y, seamos honestos, es poco probable que un solo mentor sea un experto en todas las cosas en las que uno necesita apoyo en todos los momentos vitales del mentee así como en el ciclo de la organización de la que forma parte. No es realista esperar que una persona tenga todas las respuestas.

¿QUÉ PREGUNTAS DEBO HACERME CUANDO BUSCO ACOMPAÑAMIENTO DIRECTIVO O PROFESIONAL?

  • ¿Hay ciertas áreas en las que creo que tengo suficientes oportunidades de encontrar ayuda?
  • ¿En qué áreas, que percibo como vitales, siento que tengo menos capacidad de encontrar ayuda? ¿Por qué?
  • ¿Existen ciertas necesidades de apoyo en las que carezco de mentores de confianza? ¿Cuáles son las barreras que dificultan el acceso a este tipo de apoyo?
  • ¿Confío en el mismo mentor o advisor para satisfacer múltiples necesidades? ¿Son la mejor persona para brindar cada tipo de apoyo? ¿Están sobrecargados?
  • ¿Estoy pidiendo consejo a personas sobre materias fuera de su área de especialización?

Tras las respuestas a las anteriores preguntas será fácil saber qué mentores o advisors te faltan y cuales, quizás, están fuera de lugar. Los mentores que faltan son esos apoyos que necesitarás para avanzar, pero con los que actualmente no cuentas. Los mentores fuera de lugar son los que te apoyan en áreas en las que no están idóneamente formados para brindar asesoramiento. Un mentor o advisor que aparece en muchas de sus áreas de necesidad también puede ser un “mentor fuera de lugar”.

¿CUÁNDO Y POR QUÉ ACEPTAR O RENUNCIAR A UN SERVICIO DE ACOMPAÑAMIENTO DIRECTIVO?

Para aquellos que nos dedicamos al acompañamiento directivo, también se nos generan preguntas cuando un profesional o directivo acude a nosotros. Al menos, si queremos dar un servicio de acompañamiento honesto. Y, por todo ello, hemos de respondernos las siguientes cuestiones:

  • ¿El acompañamiento que se nos propone habrá de transitar por áreas de nuestro expertise o excede mis capacidades y/o experiencia? A veces nos recomiendan directivos para los que fuimos de gran ayuda, pero intuimos que no lo seríamos para un tercero.
  • ¿Tengo disponibilidad para acompañar a este directivo o profesional? La disponibilidad no habrá de medirse en términos cuantitativos absolutos sino en términos más bien cualitativos: ¿podré dar el servicio de acompañamiento en el modo en que me será requerido?
  • Esta cuestión es muy personal, pero yo me dejo guiar por ella: ¿me apetece acompañar a este directivo o profesional? Si no hay química, no funciona; o yo no sé hacerlo funcionar.
  • El objetivo del acompañamiento, ¿está claro y tiene una fecha de fin ligada a ese objetivo?
  • ¿Creo que hay riesgo de generar una dependencia afectiva o emocional?

Al compartir una visión de futuro y definir los objetivos de estas relaciones de mentoría o acompañamiento, se están sentando las bases para relaciones auténticas y con significado, con capacidad real de crear un sistema de apoyo al servicio de profesionales y directivos.

Y no lo olvides: si buscas mentor, evita el riesgo de caer presa del mito del único mentor. Si ofreces servicio de acompañamiento directivo, evita pensar que todos podemos dar un buen servicio a todo profesional ante cualquier reto.