Llevo viendo circular por las redes sociales, desde hace tiempo, la siguiente frase atribuida a Otto von Bismarck: “España es el país más fuerte del mundo, lleva siglos tratando de destruirse a si misma y todavía no lo ha conseguido”.

Como cuando uno se compra un coche y de repente le parece que una invasión de modelos idénticos llega a su ciudad, así yo he quedado marcado por esa frase y veo continuas confirmaciones de esos esfuerzos autodestructivos patrios. Vivo en Madrid y entenderéis que los casos sean locales.

Hace unos meses, el arquitecto británico Norman Foster canceló su proyecto para instalar en Madrid la sede de su fundación, dedicada a la arquitectura, el urbanismo, el diseño y el arte, además de albergar su importante archivo personal. Foster vio rechazado su proyecto por la Comisión Institucional para la Protección del Patrimonio Histórico-Artístico y Natural (CIPHAN) del Ayuntamiento de Madrid. Imaginaba Fernando Gallardo, en un brillante post, a un funcionario de control de edificación garabateando sobre los planos del Pritzker de Arquitectura en un «esto debe ir así, así… esto por aquí, esto por allá.» Y pregunta Gallardo, ¿qué autoridad moral se le supone a ese triste desdichado para enmendarle la plana a tamaña eminencia mundial?

En defensa del ‘desdichado’ he de decir que no es más que un apéndice de un aparato burocrático del que nos hemos dotado para generar este tipo de esperpentos.

Pero también, como individuos, nos bastamos para repeler talento, conocimiento y cultura, y estamos dispuestos a entorpecer hasta cuando las administraciones aciertan.

A veces, no sólo repelemos talento, sino que estamos dispuestos a entorpecerlo hasta en las situaciones más favorables

Sobre esto último tengo dos buenos ejemplos. Un periodista titulaba “Botella [alcaldesa de Madrid] concede a la Casa de Alba más de un millón de euros de beneficio en taquilla“. Dicho titular es una torpeza que hace ver que la Duquesa se embolsó un millón de euros de los madrileños cuando lo que explica en la noticia es que el Ayuntamiento adelantó 170.000 euros a la familia en concepto de actos preparativos para la producción de El legado de la Casa Alba, que la Fundación se comprometió a devolver y que permitió poner a disposición de los madrileños 150 joyas de nuestra cultura.

El otro ejemplo es de hace unos días. Unos vecinos de Torre Arias se manifestaban en la zona contra la posibilidad de que la Universidad de Navarra se ubique en su zona. La Universidad de Navarra tuvo en el curso 2011-2012 unos ingresos de 98,5 millones de euros sin contar la Clínica Universitaria ni el IESE y tiene 1.700 empleados incluyendo a los profesores. Pues sí, parece que esos esforzados vecinos, lejos de pelear con los de otros barrios por acoger un proyecto así, han conseguido que la institución renuncie a ese espacio. Lo leo el mismo día que también leo en el Financial Times una referencia a la Reunión Global de alumnos del IESE que acogerá a más de 3.000 líderes empresariales, académicos y graduados (the global alumni reunion at Iese Business School is bringing together almost 3,000 business leaders, academics and graduates). Pues a esos vecinos madrileños no les parecerá para tanto.

Decía Fernando Gallardo, cuando informaba de que Norman Foster edificará su fundación finalmente en Nueva York, que a la ciudad de Madrid no le falta promoción, no. Le sobra mucha caspa.

Con un palmo de narices podríamos dejar a Otto von Bismarck cuando le demostremos que fuimos capaces de acabar con una nación indestructible. La nuestra.

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