PRISM. Edward Snowden. Un programa de vigilancia electrónica calificado de alto secreto a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos desde 2007. Un antiguo empleado de la CIA y la NSA que hace unas revelaciones que son una bomba informativa y social. Conflictos diplomáticos y muchas opiniones al respecto.

Un escenario que me traslada a otro tema que aparentemente no tiene nada que ver pero que creo que en esencia es idéntico. Se trata de lo que a juicio de los expertos es el principal motor de los grupos antivacunas: la falta de memoria. Dicen los especialistas que sus argumentos se toleran en base a que lo que está en juego más parece una quimera que un riesgo real. Las enfermedades de las que nos previenen las vacunas parecen ser cosa del pasado. Los que hoy son papás en Europa y EE.UU. ya no tuvieron compañeros de clase paralizados por la polio, por poner un ejemplo. Pero esas enfermedades son del pasado gracias a las vacunas y los expertos avisan de que aunque nos olvidemos de las enfermedades, ellas no se olvidan de nosotros.

Volviendo a PRISM, creo que nos pasa un poco lo mismo. No seamos ingenuos, es evidente que en internet se juega hoy la importante batalla de la inteligencia militar, pero no podemos hacer ésta siempre, para todos, indiscriminadamente y sin control. ¿Cómo no se va a poder intervenir una comunicación electrónica igual que se pincha un teléfono para prevenir un delito? Claro que sí, igual. Pero con autorización judicial y con todas las garantías legales.

No podemos olvidar en Occidente las enfermedades del totalitarismo, la enfermedad volverá a saltar si no seguimos aplicando la vacuna del estado de derecho y la protección de las libertades. Cualquier resquicio que dejemos será aprovechado por la enfermedad para brotar de nuevo.

La lucha contra los totalitarismos fue especialmente dura en Europa el siglo pasado, con algunos millones de víctimas. Y ya antes, EE.UU. se constituyó sobre los principios del individualismo y de los derechos inalienables. Esto nos llevó a unos mejores sistemas sociales que nos permiten una mejor defensa de la libertad individual. Y conseguida ésta, corremos el riesgo de pensar que siempre se dio.

Adicionalmente recomiendo la lectura del artículo de ‘si eres de los que está de acuerdo con la vigilancia masiva porque no tienes nada que ocultar, vuélvelo a pensar‘, de Danah Boyd.

Y, ahondando en la desmemoria, algunos plantean ¿no será mejor que nos controlen los estados que lo hagan empresas como Google o Apple? Regulemos a empresas como Google en defensa de la libertad, pero ¿alguien duda de que es mucho más peligroso un estado invadiendo la esfera del individuo?

Comienza el verano, y es momento de lecturas. Se impone releer 1984, la visionaria obra sobre la que George Orwell declaró: “no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo es que puede ocurrir algo parecido”.

Quizás aún esté en nuestra mano.

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ACTUALIZACIÓN 12/07/2013:

Como apoyo a este post incorporo un brevísimo corte de una conversación que tuve la suerte de mantener con Yoani Sánchez en el mes de abril. Le preguntaba: “Nos estamos planteando restrigir la libertad en la red, contraponiéndola a criterios de seguridad. ¿Qué crees que nos podemos estar jugando en este debate?”. Su respuesta:

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