Siempre he pensado que a todos los sitios llegamos acompañados. A los mejores y a los peores. De un amigo, de tu pareja, de un maestro, de un padre… pero acompañados.

Quizás porque el hombre es un ser sociable por naturaleza, y acompañado alcanza sus cimas, y acompañado también cae por incómodos terraplenes. Pero en el segundo caso uno se siente empujado primero y abandonado después.

Esta interpretación infantil nos ha calado a nivel personal y a nivel social. No sé por qué orden. En España, todos sabemos que la culpa de nuestra profunda crisis es de los bancos y de nuestros políticos. Sabemos que los primeros generaron la burbuja inmobiliaria cuyos efectos aún padecemos. Y sabemos que los segundos son los responsables de la corrupción que hoy tanto nos incomoda. Olvidamos que los créditos de los primeros necesitaban tomadores y los votos de los segundos, votantes.

Mi amigo Darío es un emprendedor capaz de generar empleo y grandes ideas. De los que necesitamos unos miles. El otro día me decía que consideraba que pagar impuestos era algo a evitar: suponía estrangular su propio proyecto que creaba empleo y dar oxígeno a estos políticos corruptos que padecemos. Y el argumento era muy próximo al de la legítima defensa. No era mala excusa.

Mi vecina es alguien a quien quiero mucho. Ella no puede con nuestros políticos. “Son todos unos sinvergüenzas”. El otro día le hicieron un arreglo en casa. “Me preguntaron si me hacían factura con IVA. Dije que no. Seguro que luego no lo declaran y a mí me cuesta un 21% más”. No era mala excusa.

Tengo un amigo que milita en un partido político que parece alojar un poquito de aire fresco, del que nos hace falta. Critica mucho a los grandes partidos y su falta de compromiso con los ciudadanos y sus votantes. Tiene mujer e hijos. Y corre detrás de toda chica de menos de 25 años que pasa por su centro de trabajo. Si le pregunto, no me dará una mala excusa.

Qué cosas hacen los demás… O nosotros. O yo. Y todos con nuestra excusa.

Me dijo ayer un amigo que su suegro le confesó: “He llegado a la conclusión de que todo el mundo es gilipollas. Incluido yo mismo.

Y pensé que ese era el mejor cierre a este post que lleva meses rondando mi cabeza.

Llegados hasta aquí necesitamos un líder. Un líder en cada uno de nosotros. Un líder que nos saque de ésta.

Sin olvidar que de aquí se sale como entramos. Todos juntos. O no podrá ser.

Buena semana.

 

ACTUALIZACIÓN (8 de abril de 2013): Incorporo dos nuevos tuits de Andrés Pérez Ortega que abundan en la idea con mayor profundidad:

ACTUALIZACIÓN (25 de febrero de 2014): Acabo de ver esta entrevista a Javier Gomá Lanzón. Me interesa especialmente el fragmento entre los minutos 41:30 y 44:50.

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