Hace ya tiempo me dijo un amigo y persona a la que admiro, “Jorge, mi problema es que no tengo modelo de negocio”. Y desde entonces vengo dándole vueltas a la idea del gurú sin modelo de negocio. Porque yo a mi amigo lo considero un gurú. Fue de los primeros en hablar en España de algo que hoy parece patrimonio de todos, un tema que padece hoy una inflación enorme de la mano de personas mucho menos preparadas y consistentes que él.

Mi amigo vive de la consultoría y de dar conferencias. Es de los mejores en lo suyo. Pero aún así no ha generado un modelo de negocio ni después de crear la metodología alrededor de su conocimiento y la aplicación del mismo. O no como le hubiera gustado.

Cómo admiro y respeto a mi amigo… Aún así, el otro día tuiteaba lo poco honestos que me parecen esos gurús que no viven de aquello de lo que nos quieren hacer creer que es de lo que saben. Y de lo que saben más que nadie.

Puede parecer que hay algo de esquizofrénico en todo esto, pero creo que puedo defender la admiración por mi amigo y el rechazo de esos que nos fríen con su retórica sobre el futuro de un sector y:

. no se desarrollan profesionalmente en ese sector sino de otros
. de hacerlo, no son capaces de transformar esos sectores para adaptarlos al cambio que predican

Porque, salvo contadas excepciones ligadas a la alta docencia, estos segundos además de no entender del futuro, generalmente ya no entienden realmente ni el presente ni sus diferentes contextos. Y porque además no son más que un repositorio de saberes de distintas fuentes, no siempre fiables, ni consistentes, ni siquiera compatibles unas con otras.

Y porque estos últimos no desarrollan una actividad profesional con éxito. No promueven una transformación. Son sólo actores que interpretan el papel de los anteriores delante de un público cada vez menos entrenado que no distingue la estricta realidad del sainete.

Me interesa mucho todo lo que tiene que ver con la transformación digital de las organizaciones. Será dentro de muy poco tiempo -ya urge- cuando quienes hoy llevan las riendas de sus negocios deban confiarse en las manos de un experto que les ayude en la transformación de los mismos.

Bien harían estos propietarios y consejeros delegados de esas organizaciones, ya no tanto en entender lo que se les viene, que para eso ya están los expertos que podrán ayudarles, sino en desarrollar el olfato necesario para distinguir de un golpe de vista al experto del actor. Del actor que interpreta el papel de experto.

Gurú de garrafón
“Gurú de garrafón”. Un magnífico lema para un disfraz de uso común.

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ACTUALIZACIÓN (13 de febrero de 2013):

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