Ayer nos enviaba Isabel Perancho un tuit a Pablo Herreros, a Mario Tascón y a mí en el que, refiriéndose a un artículo de Top Comunicación & RR.PP., subrayaba el éxito del desenlace del desafortunado asunto de Pablo Herreros y Telecinco (Mediaset).

Horas antes decía Terry Gragera que el ganador no era quien parecía. Yo sí creo que ha habido dos vencedores: el sentido común (Telecinco había puesto a sus anunciantes a los pies de los caballos) y la libertad. La libertad de un individuo de actuar libre y organizadamente en el ámbito público. Sentido común y libertad individual son las bases de una sociedad civil sana.

Pero tal y como le dije a Isabel, el final para mí fue agridulce. Creo que los ciudadanos (como individuos, periodistas, espectadores, etc.) estuvimos muy por encima de los medios de comunicación. Y no me refiero solo a Telecinco.

Como ya he dicho en múltiples ocasiones, no estoy de acuerdo con el objetivo de Pablo Herreros de legislar sobre si un medio puede o no entrevistar a un delincuente, o a qué tipo de delincuentes sí y a qué tipo de delincuentes no, y si debe pagar o no por ello y cuánto. Esto no me ha impedido ponerme del lado de Pablo cuando ha sufrido un atropello intimidatorio por parte de Telecinco.

Mi apoyo a Pablo se fundamentó en el mismo principio por el que no estoy de acuerdo con legislar el buen gusto o la moral: la libertad; de expresión y de empresa. Creo en la libertad del individuo, para ejercer su responsabilidad como ciudadano y como consumidor, y en la libertad de las empresas para decidir qué quieren ofrecer a la sociedad y por qué medios. Y los ciudadanos/consumidores ya elegirán qué quieren para sí rechazando o consumiendo los productos de las segundas.

Pero creo que la libertad que debe tener cualquier ciudadano de movilizarse, es un derecho fundamental. Y aquí el resto de los medios se han mostrado de perfil, traicionando los valores que dicen defender. Salvo honrosas excepciones. Tampoco creo que haya que legislar para que los medios apoyen contra su voluntad ninguna causa noble. Porque defiendo la libertad del medio para no hacerlo igual que la del individuo de no consumirlo. Todos responsables, sin tutelas.

Creo que los medios tradicionales se mueren, con la ayuda de todos: cambio de modelo, directivos desorientados y consumidores más exigentes. Ese es mi sentimiento agridulce. Me quedo con la oportunidad que se abre para los nuevos medios.

Los que ya existen y los que vendrán. Falta nos hacen.

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