El pasado domingo 28 de octubre, los lectores del diario El País recibieron en algunos quioscos una carta de los trabajadores del periódico entregada en muchos casos por ellos mismos. Duras críticas a Juan Luis Cebrián, defensa de sus posiciones frente al ERE que afecta a casi 150 compañeros y compromiso con sus lectores, que reproduzco a continuación:

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Estimado lector de EL PAÍS,

Los trabajadores de EL PAÍS nos vemos obligados a entregarle esta carta para explicarle el conflicto que estamos viviendo y los planes que tiene la empresa para este diario.

El presidente de Prisa, Juan Luis Cebrián, nos anunció el 5 de octubre su decisión de despedir a 149 trabajadores -un tercio de la plantilla-, indemnizándoles con el mínimo que establece la reforma laboral. Además, pretende rebajar un 15% el salario de los que se queden. Con esta drástica reducción, y sin modelo de diario futuro, difícilmente se pueden mantener la calidad y los valores fundacionales del diario: una información seria y rigurosa basada en la defensa de los derechos humanos y la democracia.

La empresa justifica los despidos en la disminución de ingresos, no en pérdidas. EL PAÍS ha tenido 1,8 millones de beneficios en los seis primeros meses de 2012. Cuando Cebrián nos anunció el ERE, los trabajadores propusimos asumir posibles pérdidas reduciendo nuestros salarios, siempre que la negociación se hiciera sin despidos encima de la mesa. Por tres veces le pedimos que no pusiese en marcha el ERE sin antes estudiar con el Comité de Empresa medidas alternativas. Y por tres veces rechazó esta posibilidad.

Al anunciarnos el ERE se nos dijo que tenemos una estructura de costes inviable, que hemos vivido demasiado bien y que somos viejos. Nos lo decía Cebrián, un señor de 68 años que cobró 13 millones de euros en 2011 (35.600 euros diarios). La dirección de Prisa trata de hacer creer a la opinión pública que el problema son nuestros sueldos, no los de los directivos. El coste medio de los 54 miembros de la dirección de EL PAÍS que están fuera del convenio colectivo es de 209.000 euros.

El salario de los trabajadores, muy inferior al de los directivos, es producto de más de 30 años generando beneficios (unos 800 millones desde el año 2000) y fruto de un marco de relaciones laborales que reconocía la contribución de la plantilla al periódico.

No solo nos preocupa que 149 trabajadores pierdan su empleo y vean quebrados sus proyectos profesionales y personales. También nos preocupa la pérdida de calidad de la información. ¿Qué diario llegará a los quioscos tras el despido de más de cien periodistas, entre ellos, algunos de los mejores de España? Además, los planes de la dirección implican la reducción al mínimo de la información realizada en las redacciones de Valencia, Galicia, País Vasco y Andalucía, con lo que EL PAÍS perderá las voces que, desde fuera de Madrid y Barcelona, contribuyen a la pluralidad y al contraste de opiniones.

Los trabajadores de EL PAÍS, jóvenes y veteranos, nos hemos sentido muy orgullosos de contribuir al éxito del periódico y no hemos escatimado esfuerzos ni compromiso más allá de las obligaciones contractuales, convencidos de que EL PAÍS es más que un mero negocio. Ahora nos responden con una lista de 149 despidos. Nosotros queremos seguir trabajando al servicio de los lectores y de los principios fundacionales que hicieron grande este periódico.

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¿Callaron los trabajadores de El País cuando no debieron hacerlo? ¿No se han roto esos silencios demasiado tarde? ¿Las denuncias a la gestión y venta al poder de Juan Luis Cebrián no tenían sentido hace ya, pongamos, diez años? ¿Se pide desde el medio la misma solidaridad que tuvieron con otros? ¿No se dieron desde El País demasiadas lecciones olvidando quizás hacer autocrítica?

Se me ocurren decenas de nombres de extraordinarios profesionales de El País, pero eso no invalida las preguntas anteriores.

Creo que los trabajadores tienen razón en gran parte de su argumentario. En otra parte, se han abrazado sin ningún sentido crítico a su propia línea editorial, abandonando la realidad y dejándose sorprender por ella. En cualquier caso, solo faltaba, tienen todo el derecho a expresarse en los términos que consideren.

Pero la coincidencia de su preocupación por el rigor, los derechos humanos y valores democráticos con la fecha del ERE demuestra quizás que el sector, todo él, necesita un examen de conciencia: de los medios, de sus profesionales y de sus usuarios.

Porque definitivamente, el futuro no es lo que era.

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ACTUALIZACIÓN (27 de enero de 2013):

Veo, retuiteado por Ricardo Galli, un tuit de Barahona que explica gran parte de lo que cuento en menos de 140 caracteres:

ACTUALIZACIÓN (8 de febrero de 2013):

ACTUALIZACIÓN (17 de marzo de 2013), en relación a los maltratos a prisioneros iraquíes en Diwaniya:

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