Me hablaba Eduardo de las trampas que nos hace nuestro cerebro. Una de ellas es que el cerebro automatiza procesos para ahorrar energía. De ahí los prejuicios, que no son malos per se, sólo nos ayudan en esa tarea. Por ejemplo: el prejuicio de que el profesor sabe más que nosotros, hace que aceptemos -porque nos lo dice- que dos y dos son cuatro y ya está. Lo contrario consume mucha más energía (¿Dos más dos son cuatro? ¿En qué sistema, el decimal? ¿Por qué el decimal? ¿Tiene algún interés oculto mi profesor en hacerme creer que dos y dos son cuatro? ¿Mi profesor tiene los conocimientos adecuados?…)

El asesino era masón, islamófobo, yihadista, de extrema derecha, nacionalista, antisistema, fundamentalista cristiano y noruego.
El asesino era masón, islamófobo, yihadista, de extrema derecha, nacionalista, antisistema, fundamentalista cristiano y noruego. Aproximadamente.

Eso hace que el cerebro prejuzgue y cuando veamos la realidad la adaptemos para confirmar el prejuicio. Nos pasa cuando tenemos un mal prejuicio sobre alguien, por ejemplo pensamos que es una mala persona. Una buena acción suya nos causará sorpresa en el corto plazo, pero en el medio plazo devolveremos a esa persona su status de ‘mala persona’, para ahorrar energía cerebral. Rehacer el juicio sobre ella es más costoso.

Esta semana nos ha pasado esto de manera colectiva. Un loco en Noruega ha asesinado a casi 80 personas. Hay un análisis más costoso en términos de consumo de energía cerebral: choques de culturas, grupos extremistas, derechos de los otros, el miedo a lo desconocido, la enfermedad mental en entornos de crisis, el papel de los medios de comunicación, la comunicación política… Pero hay otro más barato en términos de consumo de energía: pasar los hechos y su explicación compleja a un segundo plano y alinear la realidad con nuestros prejuicios. El hecho confirma nuestras creencias. Ponemos al malo en el campo de nuestro contrario. Veamos si no, este fabuloso conjunto de titulares de nuestra prensa nacional y Twitter:

1. Público: “Un fundamentalista cristiano detenido como presunto autor

2. El Mundo: “El presunto autor, un noruego nacionalista vinculado a la extrema derecha

3. Intereconomía: “Confusión en torno a la autoría: ¿yihadistas o antisistema?

4. En Twitter: “El asesino de Oslo era masón y enemigo de Cristo, como la mayoría de los progres. Ni ultracatólico ni mandangas…

Las etiquetas nos hacen más fácil almacenar y dispensar información. Procesarla de manera más profunda es mucho más costoso. Pero no es mejor lo primero que lo segundo. Lo primero, nos deja en la superficie, en la nuestra propia. Lo segundo, en cambio, merece la pena. Porque, como ya dije en Twitter, es dramática la necesidad que sentimos de situar al extremista asesino próximo al ‘otro’, en vez de frente a todos. Y pobre, muy pobre.

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