David Cameron está de viaje privado en Granada para celebrar con su mujer Samantha el 40 cumpleaños de ésta.
Los medios de comunicación han querido destacar la visita austera de Cameron a un hotel modesto, en los días en los que hemos sabido que nuestros eurodiputados han rechazado una propuesta que, para aliviar los presupuestos de la Eurocámara, les supondría dejar de volar en primera. Normal, dos horas y cuarto de trayecto entre Madrid y Bruselas exigen condiciones extraordinarias si uno no quiere poner en riesgo la vida de nuestros delicados próceres.

Esta semana hace 6 años que visité el hotel que estos días disfrutan los Cameron: el hotel Carmen de la Alcubilla del Caracol. Allí conocí a Manuel, su propietario, un experto en historia del arte, enamorado de su ciudad y del proyecto que entonces echaba a andar.

El hotel tenía sólo una estrella, esa pretendida medida de calidad, mucho más cerca de un impreso administrativo que de las emociones que puede transmitir el establecimiento.

Cameron no ha elegido un hotel modesto. Ha elegido el hotel con más encanto y más esmerado servicio de Granada. Y aquí está la lección; la doble lección.

Primera: Cameron no es un mandatario austero, es simplemente un tipo bien informado, con gusto y sin complejos ni estridencias. Él sabe que para hacer un viaje de calidad no se requieren alardes ni desembolsar cantidades innecesarias.

Segunda: Manuel. Aún recuerdo cómo su mujer me hablaba de “su obsesión”: “Jorge, es que todo tiene que estar perfecto; como vea una cama con la colcha un poco torcida, tenemos un drama”. Él se defendía: todo debía estar perfecto.

Alguno pensará que la visita de Cameron es el gran espaldarazo a su establecimiento. Manuel probablemente crea que es sólo un huesped más al que tratar como a los demás: con excelencia. Con las colchas en su sitio exacto.

Gran lección de excelencia de Manuel. Gran lección de normalidad de Cameron. Necesitamos trabajadores y dirigentes así.

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Nota (10 de abril de 2011): los posts no siempre envejecen bien. Este es un ejemplo de post que, a la mínima, puede acabar siendo un post que justificar. Una guerra, una pésima decisión económica, un escándalo de corrupción y alguien preguntará por mi pasada rendición a los encantos de Cameron. Creo que se entiende bien, pero para el que pueda necesitar aclaración, mi alabanza a Cameron es sólo sobre aquello de lo que hablo en este post. 

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