La semana pasada colgué en mi Facebook un corte de un programa de Marta Robles en Telemadrid, Madrid a la última, en el que dedicaron unos minutos a hablar de los hábitos de las mujeres europeas en internet y para el que me hicieron unas preguntas. Viendo el vídeo, mi buen amigo Miguel Ángel, comentó: “Los hitos de las mujeres españolas en Internet expuestos por un hombre. ¿No resulta paradójico? Estos datos pueden considerarse un avance positivo, pero si analizan también el coste en términos de la pérdida de facultades para la comunicación directa y/o las relaciones personales…”

Y me hace pensar que, a veces, todos somos un poco maniqueos, y esa tendencia a interpretar la realidad en dos únicos sentidos que nunca se cruzan nos llevan con frencuencia al ‘o lo uno o lo otro’. En un mismo comentario, el de mi amigo, lo veo dos veces. Por un lado, se cuestiona que un hombre hable de hábitos de mujeres, como si para hablar de fútbol hubiera que ser futbolista. Por otro lado, se contrapone la comunicación en la red a la comunicación directa. ¿Y es que no se puede hacer una cosa sin renunciar a la otra?

A mí me ha pasado lo mismo hoy. Mi amiga Teresa Abascal, que de comunicación sabe un rato, al saber de la existencia de mi blog, me ha preguntado por qué no intento hacer colaboraciones en papel. Le he dicho que nunca me lo he planteado, pero creo que en el fondo he pensado -con la soberbia que a veces tenemos “los de internet”- que para qué, si ya estoy en la red.

Así que, como mi amigo Miguel Ángel, he caído en ‘o lo uno o lo otro’. Ahora desde el post, le contesto a Teresa lo mismo que le contesté a Miguel Ángel a su comentario: la comunicación en un ámbito no tiene por qué ir en contra de otro, pueden ser complementarias.

Y aquí me quedo, con el gusanillo de mi inexistente tribuna de papel.

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