Mi amiga Marta me cuenta los momentos difíciles por los que atraviesa su empresa, justo cuando el Comité de Empresa cobra una especial relevancia, pero me dice con tristeza “el Comité de Empresa está formado por gente sin ninguna cualificación, en la mayoría de los casos, más preocupados de conservar su propio puesto de trabajo, como les garantiza la ley por haber sido elegidos, que de resolver problemas. Estas elecciones siempre nos han importado un bledo y al final ese es el resultado”.

Estoy pensando en lo que el otro día oí a un candidato de un partido político. Decía que los españoles presumimos de despreciar a la clase política mientras ésta nos gobierna y, por tanto, influye directamente en nuestras vidas. Y así es, despreciamos o ignoramos a esos políticos, mientras tenemos las legislaciones que ellos votan, nos movemos en el entorno laboral que ellos definen, pagamos los impuestos que ellos estipulan y contemplamos cómo ese dinero se invierte (o se gasta, o se malgasta) en lo que ellos deciden.

Creo que en la empresa de Carmen, todo iría mejor si:

1. todos estuvieran más comprometidos en los procesos de la elección
2. el ejercicio del compromiso no generase ningún privilegio que lo prostituya
3. el marco en el que todo ello se desarrollara fuera el de la excelencia profesional, de manera que en vez de centrifugar a los mejores, al menos, no se les disuadiera.

Y creo que eso sería aplicable a la política, porque falla en los mismos términos. Pero la política, como las empresas, no son más que la suma de quienes las componemos.

Por eso me apunto, para el resto de mis actividades, estos tres vectores: compromiso, ausencia de privilegios y excelencia.

.

Anuncios