Si en el año 2000 me hubieran preguntado cuánto tardaría el mundo profesional en entender realmente internet como medio de comunicación y publicitario no habría sabido decir si dos, tres o cinco años. Pero nunca hubiera pensado que internet siguiera siendo tan desconocido incluso para “expertos en comunicación” a fecha de hoy.

Hace unas semanas casi me atraganto leyendo en el diario Negocio el artículo “El bloguero tiene ética (o no)“, firmado por Juan Francés. Interesado en cualquiera de los dos probables objetos del artículo, los blogs o la ética, pasé a leerlo, encontrando afirmaciones que me provocaban las siguientes reflexiones:

“(…)Según la revista Fortune, a principios de 2005 surgían 23.000 nuevos blogs diarios. A mediados de 2007, ya había unos 70 millones de blogs, un 466.666,666 por ciento más que los 15.000 de 2002.”

El cálculo es incorrecto, a pesar de los tres decimales. Aunque lo que quería decir se entendía bien: el crecimiento es exponencial. No nos pongamos reactivos y entreguémonos en cuerpo y alma a la siguiente reflexión:

“(…) Algunos de ellos tienen la capacidad de aprovecharse de fuentes internas con información sensible con ganas de pregonarla a las cuatro vientos, ocultando su identidad para no correr riesgos ni perder su puesto de trabajo, por ejemplo. Es decir, que en manos de la persona ‘equivocada’, un blog puede atacar a una compañía y dañar su imagen a golpe de click. (…)”

Y yo me pregunto, ¿el riesgo es de los blogs o de los personajes que incorporamos a nuestras empresas? ¿Y si el trabajador pregona, por ejemplo, los excelentes resultados de su compañía o sus magníficas condiciones de trabajo? Darle una herramienta a la persona equivocada puede producir efectos negativos, pero ¿por qué esta fijación con los blogs y no con la televisión, la prensa o los cuchillos de Albacete?

“Además, hay un factor que agrava aún más el peligro intrínseco que guardan los blogs: al contrario que los medios de comunicación, que tienen responsabilidades legales y pueden pagar por sus errores, los blogs sólo suelen ofrecer una cara de la noticia, con lo que ésta puede quedar incompleta y con un sesgo envenenado, al fin y al cabo lo pueden hacer desde la “impunidad”.”

Intrínseco: íntimo, esencial (dice la RAE). Los blogs son en esencia peligrosos, y tantos como yo sin saberlo. ¿De qué impunidad hablamos? Si yo escribiera “Juan Francés me robó la cartera” y no fuera cierto, el Sr. Francés pone una denuncia y a mí me crujen. Que no quepa duda. Pero cuando leo lo de una cara de la noticia, incompleta y sesgada… ¿Es más creíble un periodista (sujeto a nómina, a una línea editorial, a la presión de los anunciantes y la venta en kiosko) que un bloguero? ¿Es más creíble una misma persona según donde escriba?

“De aquí la necesidad de que los blogs tengan autores identificados, que asuman su responsabilidad y sigan, en la medida de lo posible, o, quizá mejor dicho, se apliquen el cuento del código deontológico del buen periodismo (siempre y cuando su intención sea esa, la de hacer periodismo)…”

Y dale con las insinuaciones. Dejémoslo en cumplir la ley, a la que estamos todos sujetos, que a mí los códigos deontológicos del buen periodismo, no me preguntéis por qué, sí que me parecen un cuento.

Y concluye: “La credibilidad de toda publicación, del soporte que sea, papel, virtual u otro, depende de la veracidad y el rigor de lo publicado, de la calidad y fiabilidad de su contenido. Los blogs no están al margen de esto. De entre los millones de blogs existentes en la actualidad sólo aquellos cuyo contenido sea de calidad y fiable, prevalecerán. Como ocurre con tantas otras cosas en la vida. Muchos pagaran sus desmanes (ojala!) pero harán daño en el camino. Las empresas no pueden protegerse al cien por cien, pero es pueden gestionar este nuevo nicho de la imagen pública, como lo hacen con el resto desde hace años.”

Pues claro, los blogs como todo lo demás; pero entonces, ¿qué nos has querido contar?

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P.D.: Propongo los siguientes títulos alternativos para el artículo de Juan Francés:

Los blogueros tienen alma (o no)
Los blogueros tienen hambre (o no)
Los blogueros tienen caspa (o no)
Los blogueros tienen el cubo mágico de Rubik (o no)
Los periodistas tienen ética (o no)
Los fresadores tienen ética (o no)
Los sexadores de pollos tienen ética (o no)
Los expertos en comunicación tienen ética (o no)
Los blogueros son periodistas (o no)
Los periodistas son blogueros (o no)

 

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