Ya dijeron los clásicos que la verdadera vocación del conocimiento es ser compartido , como comenté en mi post ‘El trabajo, la experiencia, el sentido común y la actitud ante la vida’.

Parece que ya todo el mundo entiende, en lo que podríamos llamar ‘el mundo internet’, que compartir la información es clave para el desarrollo, crea oportunidades económicas, sociales y personales y acelera estos procesos.

Digo ‘el mundo internet’ porque es en ese ámbito donde mejor ha calado esta idea que aún sigue siendo generalmente poco aceptada. Ya lo decían nuestros padres: la información es poder. Y de ahí se infería erróneamente que conservarla aumentaba nuestro patrimonio, bien fuera éste económico, social, personal o intelectual.

Recuerdo un jefe que tuve que lo tenía claro, quizás porque estaba mucho más cerca de la generación de mis padres que de la mía. Elaboraba los presupuestos de la empresa como algunas contabilidades, el A y el B. El A era lo que él llamaba ‘el interno’ o ‘el nuestro’. Éste era el que él se creía, el que tenía sentido y el que reservaba al comité directivo, de cuatro personas. Luego estaba el B, el que ‘consensuaba’ con sus jefes de departamento, siempre muy por encima del ‘A’. Así pensaba que exigiendo mayores resultados estimulaba a sus equipos, olvidando que los presupuestos, como los bonus (otro de sus caballos de batalla), deben ser creíbles, inteligibles, justos y asumibles para no convertirse en una eficaz herramienta de desmotivación.

En el Castillo de Orava, uno de los más imponentes de Eslovaquia, donde se rodó Nosferatu en los años 20, los visitantes pueden ver las estancias de los criados. En ellas, puede contemplarse un reloj sin manecillas, que se explica como un símbolo de disponibilidad al amo las 24 horas del día. Y yo pensé, ‘pues sin saber qué hora es, no sé a qué hora le serviría el criado las comidas o le llevaría el té’.

Imagino que el amo del Castillo de Orava, recibiría el té de las 5, aproximadamente a esa hora, dos horas antes o tres después, como aquel jefe que yo tuve, cuyos presupuestos se cumplían aproximadamente un 30%, un 50% o un 70% por debajo de lo oficialmente ‘consensuado’.

Y es que, o damos a nuestros equipos todas las herramientas para remar en la misma dirección, o si unos van sin remo y otros con los ojos vendados acabaremos encallados, ahogados o directos al precipicio.

 

ACTUALIZACIÓN 18 de febrero de 2013: Añado un tuit de Bill Gross en la misma dirección:

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