Tras participar el pasado viernes en la mesa de debate “El Pediatra del S. XXI y los medios de comunicación”, en el marco del 59 Congreso de la Asociación Española de Pediatría, celebrado en Gran Canaria, tuve una de esas oportunidades de compartir unas horas con un puñado de personas con las que da gusto (y hasta envidia) estar.

En un sector como el mío, el de internet, una epidemia sigue haciendo estragos: la de pensar que la juventud es buena en sí misma. Eso, unido quizás a mi frustrada vocación médica, hizo que disfrutara enormemente de la compañía que me ha deparado la discusión de la mesa de debate sobre cómo ha evolucionado la información de salud en los medios de comunicación.

Dicha mesa fue moderada por Serafín Málaga, presidente de la Asociación Española de Pediatría y José María Catalán, periodista de salud con un puñado de años de profesión a la espalda.

La mesa la componíamos:

Leonor García Álvarez, periodista de Televisión Española
Juan Casado, que fue presentado como bloguero del portal elmundosalud.es
Isabel Perancho, especialista en comunicación sobre salud y adjunta a la dirección general de Planner Media
Jorge Segado, director general de enfemenino.com

Entre todos ellos, yo era el más joven, y por tanto el que más posibilidades tenía de aprender de la experiencia y el conocimiento de los demás. Un lujo.

Y hoy quiero escribir de algo que a veces se nos olvida: el valor del trabajo, la experiencia, el sentido común y la actitud ante la vida.

Allí estuve con gente con más de 45 años de profesión y de una vocación que se dejaban escapar por los poros de la piel. Estoy pensando, por ejemplo, en Juan Casado que antes que bloguero es Jefe de Servicio del Hospital Infantil del Niño Jesús y profesor de pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid. Me pareció que él encarnaba perfectamente lo que acabo de escribir.

Un hombre enamorado de su profesión y que lleva 45 años formándose sin descanso. Pero, además, un hombre lleno de sentido común. El Dr. Casado, ante el enloquecimiento general a causa de la gripe A que se produjo el año pasado, con la OMS a la cabeza, ya escribió en septiembre de 2009: “En resumen, el virus de la gripe A infectará probablemente a muchos niños durante este otoño-invierno, pero seguramente lo hará de una manera leve y benigna en la gran mayoría de ellos”. Esto demostraba conocimiento. Pero continuaba: “No existe ninguna razón para asustarse, porque en aquellos pocos en los que se complique puede aplicárseles tratamientos eficaces. Los niños necesitan jugar, correr y aprender, también durante las epidemias de gripe.” Y es que, a veces renunciamos a la sensatez devaluando nuestro conocimiento y experiencia. Juan no olvidó que los niños necesitan jugar, correr y aprender. Y tampoco le pareció inútil recordarlo.

Y, por último, tras el conocimiento, la experiencia y el sentido común, es necesaria una cierta actitud ante la vida y ante nuestra profesión, una disposición de ánimo manifestada con convicción y pasión. Juan repitió al menos tres veces (en la preparación de la mesa, en la propia discusión ante el auditorio y en la comida posterior) que el conocimiento que no se transmite no sirve para nada. Ya dijo el clásico que la auténtica vocación del conocimiento es ser transmitida. Y alguien que repite esto más de dos mil años después, es un tipo de fiar, del que aprender y con el que compartir (conocimientos o un café).

Aquí acabo un post aparentemente falto de interés por decir cosas obvias, pero, como ya he dicho alguna vez, escribo principalmente para no olvidar, así que aquí lo dejo, para cuando me distraiga con asuntos menos obvios y, quizás por ello, menos esenciales. A modo de recordatorio.

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