Hoy ha muerto Miguel Delibes, el escritor más grande que ha dado la literatura en español en los últimos 100 años.

En sus páginas descubrí las entrañas del ser humano y nuestra España más reciente. A él le debo cientos de horas disfrutando de una literatura difícilmente superable: La sombra del ciprés es alargada, El camino, Mi idolatrado hijo Sisí, Diario de un cazador, La hoja roja, Las ratas, Viejas historias de Castilla la Vieja, Cinco horas con Mario, Los santos inocentes, Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso, El tesoro, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un jubilado, El hereje…

Quizás por ello, como a modo de agradecimiento, lanzamos, allá por el año 2000, desde Notodo.com, una campaña proponiéndole para el Premio Nobel que quizás sólo sirvió para saldar esa deuda de gratitud. Recogimos miles de firmas. Quizás fuéramos los primeros, pero hoy, por ejemplo en Facebook, pueden verse múltiples grupos que piden año tras año el mismo galardón para Delibes.

Delibes murió sin un Premio Nobel que no necesitaba. Oí una vez que alguien dijo de Lola Flores: “Ni sabía bailar, ni sabía cantar, ni puñetera falta que le hacía”. Exactamente lo mismo que a él le pasaba con el Premio Nobel: ni puñetera falta que le hacía. En su caso, porque sabía escribir como nadie lo ha hecho en español en el último siglo y ya todos lo sabíamos.

Una leve alegría me da pensar que me queda por leer más obra suya de la que ya he leído. Puede parecer una contradicción. Hoy me he enterado de que Nacho Franch conocía a don Miguel, sus familias son amigas. Nacho hoy estaba triste, y yo, en cambio, le envidiaba. Otra contradicción.

Dijo Delibes que le gustaría que le recordaran como un hombre bueno. Detrás del escritor sencillo y sus personajes verdaderos, o quizás siempre por delante, transitó un hombre bueno y valiente.

¡Gracias, don Miguel!

 

“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”
Miguel Delibes.

“Aún me parece mentira, Valen, fíjate:
me es imposible hacerme a la idea”
Cinco horas con Mario.

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