Hace más de 10 años a la industria de la música se le abrió una vía de agua. Y empezó a vislumbrarse un posible problema que hoy ya es una constatación. Avisó Napster. Constató el mercado.


Una nueva realidad que afectaba a la distribución ponía en jaque una industria durante décadas altamente rentable. Los consumidores, que seguían escuchando más música que nunca, decidieron que no querían participar de la industria del plástico. No querían comprar cedés. Ellos querían escuchar música, pero no querían que se les impusiera un formato. A falta de alternativa, en 10 minutos (entonces), se descargaban 5 Mb de un archivo musical y se ahorraban el CD y el billete del autobús de ir a comprarlo. Conclusión: la industria en jaque.

La industria del cine veía esto como el que oye llover. No nos pasará. Porque descargar una película te llevaba entonces días y días. Esa era su salvación. Pero la tecnología acortó distancias y redujo los días a horas. Y hoy, su problema ya es el mismo.

La industria editorial también lo tuvo claro: No nos pasará. Nadie va a leer en un ordenador, en una pantalla retroiluminada que agota la vista… Y la tecnología, de nuevo, vino a aguar la fiesta.

No nos pasará, dijeron todos. Muy pocos supieron virar los modelos de negocio. Los demás pidieron a gobiernos y estados la persecución del consumidor, la protección/subvención de las industrias frente a otras y el entorpecimiento del acceso a la tecnología.

Parece claro que el problema está en la distribución del contenido y la información. En el control de esos flujos. Se escucha más música que nunca, se ve más cine que nunca, se lee más que nunca. Pero en otros formatos.

Y pienso en otra industria del ocio y el entretenimiento ligada a la información y la opinión. Plazas de toros, como en los mejores conciertos, llenas hasta la bandera de un público que huele a panceta, entusiasta tras el artista y soñoliento frente a él: los mítines políticos. Es la industria de la política. Establecer paralelismos entre las industrias anteriormente citadas y la política, hace tan sólo un par de meses, habría parecido absurdo. Pero hoy algo pasa en España, como el movimiento Nolesvotes.com. Aunque “sin importancia.

Es la industria de la política y sus distribuidoras: los partidos políticos, oligopolios de un servicio público más necesario hoy que nunca.

Vienen nuevas formas de informar(se) y la tecnología es imparable. Algo tiene que cambiar, pero ellos creen que no. No nos pasará.

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