Ayer comí con Javier. Es un viejo amigo del colegio. Él vive en el pasado, desde pequeñito. Al final del colegio, el año previo a la universidad (COU), decidimos cambiar de colegio, a otro que nos pareció mejor. Una vez allí, él añoraba el anterior. No acabó de adaptarse.

Ya en la universidad se dio cuenta de que el colegio del año anterior no estaba tan mal y, claro está, lo echaba de menos. Cuando empezó a trabajar siempre contaba que no había nada como los años en la universidad. Se casó -o le casaron-, y ¡cómo añoraba sus años de soltero! Ayer cumplía 36 años y me dijo “qué horror, Jorge, quién tuviera 10 años menos”.

Esto me recuerda a Caitríona. Una chica irlandesa que conocí este verano, amiga de mi sobrina, quien me dijo que aquella no estaba pasando una buena época en su vida, porque no tenía un buen trabajo, apenas daba unas clases a niños. Caitríona es una chica joven, de 22 años, licenciada, que habla cuatro idiomas (en dos de ellos es perfectamente bilingüe) y es, además, una chica espectacular. Y yo pensé ‘¿que no está pasando por un buen momento?, ¡lo tiene todo!’ aunque le dije a mi sobrina: “No me extraña, si yo fuera ella me suicidaría”. Espero que captara la ironía.

Emilio Duró repite que estamos en nuestro mejor momento, al menos de los que nos quedan. Y pienso en Javier, en Caitríona y en tantos otros que miran la vida por el espejo retrovisor, como buscando allí su destino.

Suscribo las palabras de Pilar Jericó: “La aventura de conocerse no se queda sólo en saber qué queremos realmente nosotros, sino en tomar decisiones para conseguirlo aunque impliquen emprender alguna que otra travesía del desierto. Como escribí en el libro de Héroes Cotidianos, del desierto se sale; de la negación de nosotros mismos, no necesariamente. Hay personas que se pasan la vida en ella por miedo a dar el paso y luego en algún momento de lucidez, se lamentan en silencio de lo que no pudo ser… Un precio demasiado alto para cargar con él toda una vida“.

 

“No te rindas, porque cada día
es un comienzo nuevo,
porque ésta es la hora
y el mejor momento.”

No te rindas, de Mario Benedetti

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