Recibo todas las semanas decenas de convocatorias relacionadas con la comunicación, el marketing y el personal branding. Al margen de lo que suponga de oportunidad empresarial toda la oferta formativa en estas materias, es evidente que se trata de una buena noticia la sensibilidad que empezamos a desarrollar frente a la comunicación.

Pero no es menos cierto que, mientras esta corriente se desarrolla, en paralelo vamos todos asumiendo los efectos de algunas prácticas que provocan el efecto contrario; la delegación de nuestras comunicaciones nos llevan al absurdo, al ridículo o, lo que es peor, a conseguir un resultado opuesto al perseguido.

Muchas veces veo “adherencias” a nuestras comunicaciones que hacen que “otros” hablen por nosotros.

Una de estas adherencias son las notas legales al pie de los e-mails. Le envío un correo a mi amigo Eduardo que es contestado inmediatamente con un larguísimo e-mail, aunque él sólo escribió un escueto “OK”, pero llegó acompañado de una infumable nota legal, cuanto menos grotesca. Aquí está su mail (con mis comentarios a la nota):

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“OK.

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*nombre de su empresa* apoya la protección del medio ambiente.

Pues muchas gracias, pero me parece escaso. Apoyar esta única causa me parece que no está a la altura de su compañía.

Antes de imprimir este correo electrónico piense si es necesario hacerlo.

Anda, el punto y aparte anterior nos jugó una mala pasada. Esta es la justificación de lo anterior. Pero claro, que me traten como si yo fuera imbécil… Pues mire usted, claro que pensaré si es necesario o quiero hacerlo, como lo pienso cada vez que hago cualquier otra cosa, no sólo imprimir este e-mail.

Este correo electrónico, así como cualquiera de sus anexos, contiene información confidencial de *nombre de su empresa*.

Nunca dos letras tuvieron tanto alcance en el ámbito de la información confidencial (OK). Parecía inofensivo su correo, pero ahora empiezo a entender que nos la estamos jugando, él enviándolo y yo recibiéndolo. ¿Deberíamos haber firmado previamente un NDA (non-disclosure agreement)?

Su contenido es para uso exclusivo de sus destinatarios, por lo que queda prohibida la difusión, copia o utilización de dicha información por terceros. Si usted lo recibiera por error, por favor, notifíquelo al remitente y destruya el mensaje con todas sus copias.

Y digo yo, ¿quién eres tú para decidir qué debo hacer con lo que yo recibo? Si quieres que no lo lea, no me lo envíes. Si me lo envías sin querer es TU error, que se te olvidó especificarlo. Si no quieres que lo difunda, pídemelo por favor, en lugar de prohibírmelo. Y ya, si me das las gracias, tanto mejor. Sobre todo si me pones deberes como notificártelo y destruir el mensaje “y sus copias”. Ésto de las copias tiene su miga. Si lo he recibido por error, es que me has molestado sin pedírtelo, así que ¡acepto tus disculpas! (aunque no me las pidas).

Y luego, por si parecía poco, la misma retahíla, en inglés, para hacer prácticas de inglés legal.

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Esto de las notas legales me recuerda cómo estas muchas veces son usadas para incorporar cosas inverosímiles. Un caso divertido es el que contaba El Mundo hace unos días: “Miles de compradores por Internet venden su alma por no leer la letra pequeña“.

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Otro gran ejemplo de “adherencias informativas” son las que nos ofrece la tecnología, como los autorrespondedores del correo electrónico. Le quise enviar un e-mail a una persona que tengo a la vista, para no andar gritando en la oficina ni tener que levantarme. Teniéndole ante mis ojos recibí un flamante:

Estaré de vacaciones hasta el 6 de abril con acceso limitado a mi correo electrónico. Saludos.
I will be on holidays until 6th april with limited access to my e-mail. Best regards.

Pues muchas gracias, pero ya me lo contaste ayer, aún no te has ido y, sobre todo, ¡te estoy viendo!

Siguiendo con la tecnología, otro apartado destacado merecen los auto-correctores, esos inventos del demonio que piensan por ti y cuando escribes una cosa, entienden que debería poner otra. Y la cambian, claro. Así, cuando el otro día establecí una relación de sectores de anunciantes, cuando escribí consumer goods, el auto-corrector decidió cambiar goods por “godos”, para mayor gloria de éstos, desde Ataúlfo a Rodrigo.

Otras delegaciones de la comunicación son ya menos grotescas y mucho más molestas, como las siete llamadas que he recibido en casa de la empresa que ha contratado Movistar para ofrecerme la fibra óptica. Con un “no” debería ser suficiente, pero han necesitado otros seis más. Y no estoy seguro de haber zanjado el tema.

Una muy reciente y extendida delegación de la comunicación está muy de moda en las empresas: son los community manager. Juan Pedro Molina Cañabate, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, habla de ello en un reciente post de su blog Comunicación Corporativa. Habla de cómo las empresas están dejando en manos de externos y/o de personas sin experiencia y visión global ni particular de empresa sus comunicaciones en la red. Ahí es nada. Con lo fácil que es de entender que el community manager, como bien dice Pedro, es un cargo de máxima confianza, que vela por la imagen pública de la empresa, y que por lo tanto, debe ser una persona con un curriculum, un carácter y una madurez contrastados.

El último caso a comentar es aquel en el que otros no sólo hablan de nosotros sino que utilizan nuestro nombre. Es inevitable pero el sujeto es fácilmente identificable. Lo leo en el blog Pa Salir Corriendo, en su post titulado Como hay confianza… Empieza con coletillas de este tipo (“como hay confianza”, “tú ya sabes”…) Son esos casos en los que alguien utiliza nuestro nombre por conocernos o por conocer a quien nos conoce para perpetrar sabe Dios qué comentarios. “Hay gente que no entiende el verdadero significado de la confianza, o lo mezcla con el de las referencias”, dice Eduardo con razón.

Si tú no dices quién eres o lo que representas, corres el riesgo de que alguien pueda decir lo que no eres“. Éste es un principio básico de la comunicación aplicada al personal branding que a veces olvidamos. Cuando podamos controlar los vectores de nuestra comunicación tendremos que emplearnos a fondo, que ya corremos el riesgo de que otros distorsionen nuestra imagen allá donde no tengamos el control.

Y en el universo digital… ¡mucho más!