¿Por qué el más listo de mi cole no triunfó?

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Hace unos días, leyendo la entrada de Jesús Fernández-Villaverde titulada “Carlos Slim y Bill Gates” en el  blogNada es gratis‘, el Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota decía “más de una vez he tenido estudiantes que miran las cosas de manera distinta de la mía y si lo hacen con sentido les doy la mejor nota, lo de repetir en el examen los apuntes de clase como me hicieron a mi sufrir tantos profesores en la carrera es una soberana tontería”.

Un estudiante español en una prestigiosa universidad americana, comentaba lo difícil que podía ser tener un profesor que en su clase daba, sobre un determinado tema de Economía, una opinión en un sentido, y horas más tarde, otro profesor, sobre el mismo tema, daba una opinión en el estricto sentido contrario. Y a la hora de intentar dar mayor credibilidad a uno sobre otro se encontraba con un gran problema, ¡los dos eran Premios Nobel de Economía!

Mi compañero del colegio, Hernán, nunca tuvo ese problema. Él siempre supo repetir lo que nos decían los profesores. Quizás, como nunca tuvo que dedicar esfuerzos a razonar, cuestionar opiniones o relacionar conocimientos, podía concentrarse en lo que importaba: memorizar y repetir. Los demás, tampoco razonábamos más, ni cuestionábamos nada, ni relacionábamos materias, y encima, ni siquiera memorizábamos. Pero ese es otro tema, por eso Hernán era el primero y nosotros el pelotón.

Recuerdo un profesor que, poniéndonos a Hernán como ejemplo, nos decía: “Si mañana Hernán sacara un 0 en su examen, la media de los controles del trimestre seguiría estando por encima de 9“. Esto da una idea, a poco que se maneje uno con las matemáticas, de la cantidad de exámenes que nos hacían -sin parar- y de dieces que Hernán era capaz de cosechar (verbo también aplicable a nuestras calabazas).

Yo creo que todos veíamos el futuro de nuestro compañero con nitidez, al menos yo: presidente de una gran compañía, político (nunca menos que ministro), diplomático de referencia, científico que cambiara el futuro de la humanidad…

Pero Hernán no ha triunfado en su vida profesional. Pasó de joven promesa a vieja gloria en lo que dura un carrera académica.

Tomás, el que más ligaba y menos estudiaba de todos nosotros, montó una empresa en la que emplea hoy a más de 100 personas; Carlos, tiene una exitosa carrera directiva, quizás por aquello del pensamiento disruptivo que tantos castigos le acarreó y que nuestros profesores intentaron aplacar; etc. Y ambos son más felices que Hernán, también en sus facetas más personales.

Pero Hernán nunca llegó a lo que esperábamos de él. Quizás, porque de niños exageramos nuestras expectativas. Pero quizás también porque nuestro sistema educativo le jugó una mala pasada: le permitió pasar por él sin desarrollar habilidades sociales, sin la exigencia de aprender con seriedad otro idioma, sin la necesidad de utilizar un ordenador… ¡con la máxima calificación!

Yo creo que Hernán, hoy, hubiera preferido un profesor como Jesús Fernández-Villaverde en un modelo educativo como el de esa universidad americana. Y yo, sin duda. Para mí y los míos.

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ACTUALIZACIÓN (6 de mayo de 2013):

Incorporo este vídeo de Sir Ken Robinson en una charla TED que puede ilustrar mucho mejor este post. Encontré el vídeo en el blog de Javier Tourón. (Pincha aquí si quieres ver el vídeo directamente en TED por necesitar subtítulos):

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This entry was published on 25 marzo, 2010 at 19:06. It’s filed under Desarrollo profesional and tagged , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

14 thoughts on “¿Por qué el más listo de mi cole no triunfó?

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  3. peep jordan on said:

    Pobre Hernán. Yo siempre he dicho que soy la prueba viviente de que el sistema educativo español no funcionaba porque conseguí atravesarlo e irme de vacío, sin saberme preposiciones ni la tabla del 8 ni los ríos. Incluso una carrera universitaria sin asistir porque ya estaba en las calles. Empecé a leer y estudiar con 24 por simple curiosidad insatisfecha al notar lagunas insostenibles. Lo peor de todo es que ahora observo cómo a mis hijos, en pleno siglo XXI, les aplican el mismo esquema pero peor (lleno de manipulación política de la historia) y, lo que me resulta aún más terrible, obligando a memorizar cosas que están a un click de google en vez de enseñarles a buscar, seleccionar, analizar, interpretar. Ya de inventar, crear o innovar mejor ni hablamos. Para llorar.

  4. Anónimo on said:

    En mi caso fue Rubén y Amalia, los empollones de la clase. Rubén no terminó los estudios, trabajó haciendo carreteras y al final aprobó una plaza de policía local que está bien pero según los profesores “iba para Ministro”. Amalia es un caso “peor” es el claro ejemplo de ser una de las mejores notas en ingeniería informática y gracias a su poca inteligencia emocional ha terminado de programadora y lamentablemente en paro. El resto de los compañeros somos enfermeros, policias e informáticos que hemos aprobado nuestras oposiciones y no está del todo mal para ser los mediocres de la clase.

    Xavi.

    Os recomiendo el ELEMENTO de Ken Robbinson

  5. Pingback: Altas Capacidades Intelectuales y Programas de Excelencia - amuaci

  6. Extraordinaria síntesis, después de un arduo día de acompañamiento para que el hijo de una descubra que en algún lugar existe el permiso para pensar por sí mismo. Y extraordinario Ken Robinson. Gracias.

  7. Nos motivamos muchas veces al leer entradas como estas. Justo en nuestro país, llevamos casi diez años con un Currículo Nacional Básico prometedor que, en las pruebas de admisión de la universidad oficial ha quedado en entredicho por observarse una tendencia hacia la baja en el porcentaje de aprobación (las pruebas empezaron a aplicarse en 2006 y en siete años, la línea de la gráfica busca el piso). Uno de los grandes problemas no es solo que no les enseñamos a los muchachos a aprender, es que no sabemos enseñar.
    Una de las máximas en la docencia hoy en día, es que aprendemos a ejercer la docencia no cómo se supone que dicen los libros, sino como nuestros maestros lo hacen frente a nosotros. Claro, las palabras convencen; el ejemplo arrastra. Si no involucramos la reflexión y, lo que más arriba mencionaba “peep”, buscar, seleccionar, analizar e interpretar estamos poniendo en juego el futuro de la veintena o treintena de compañeros que no son Hernán, Carlos o Tomás.

  8. Estimado Jorge Segado, a primera vista comparto tu opinión: el éxito académico no conlleva el profesional. Pero quizás Hernán desprecia tanto el “éxito” profesional, como tu desprecias el éxito académico, o yo las dos cosas. ¿El tener una empresa de más de 100 empleados es sinónimo de éxito? Igual los tiene con contrato en prácticas y paga en “B”… El éxito en la vida no se mide ni en notas, ni en dinero, sobre todo si es ajeno. ¿Quién es nadie para opinar si tengo éxito?
    ¿El sistema educativo falló porque no le enseñó a Hernán a convertir sus capacidades en dinero? ¿Igual falló porque no te enseñó que el objetivo de la educación tampoco es convertirse en ejecutivo agresivo con cuenta en Suiza? ¿O las dos cosas?
    A mi pocos profesores me marcaron, pero todos tienen algo en común: me enseñaron que el conocimiento es un valor en si mismo, que sirve principalmente para entender el mundo y así, por ejemplo, distinguir entre el “éxito” que nos venden en la Tv y el éxito de verdad.
    ¡Igual Hernán hoy está ayudando a desfavorecidos de forma anónima o simplemente ayudando a ser felices a su familia y amigos, y cosechadno éxitos de verdad!

    • Hola Daniel,

      antes de nada, muchas gracias por leerme y más aún por dedicar parte de tu tiempo a dejar un comentario.

      Tengo algunas puntualizaciones que hacer:

      1. No desprecio el éxito académico, pero trato de decir que no está orientado al éxtio profesional. Admito mi creencia de que debería estarlo.

      2. No identifico éxito profesional con éxito vital o realización plena. De hecho, digo literalmente “Hernán no ha triunfado en su vida profesional”, lo que no implica, ni yo lo sugiero, que sea un fracasado en la vida.

      3. Sí creo que un buen sistema educativo debe darte las armas para un buen desarrollo profesional. Un buen desarrollo profesional no es la esencia del éxito y la felicidad, pero sí es una parte importante, como lo son cultura y familia.

      4. Dices que “el conocimiento es un valor en si mismo, que sirve principalmente para entender el mundo”. Eso debería, por tanto, implicar un mejor desarrollo profesional, al conocer mejor las claves de ese mundo.

      5. Preguntas si tener una empresa de más de 100 empleados es sinónimo de éxito. Yo creo que sí. No es un absoluto, pero creo que es un éxito. Yo así lo siento cada vez que firmo un contrato de trabajo para una persona que se incorpora a mi empresa. ¿Es el único éxito? ¿Es el más importante? Creo que no, pero en mi opinión la generación de riqueza y empleo sigue siendo un éxito. Te animo a experimentarla.

      6. Comparto contigo que ayudar a desfavorecidos o hacer felices a familia y amigos tiene un valor muy importante, pero tengo dos reflexiones al respecto. En primer lugar no es excluyente (puedes ayudar a los desfavorecidos y tener éxito profesional). En segundo lugar, creo que eso forma parte más de un modelo de valores cuyo entorno de transmisión es más próximo a la familia que a un modelo académico.

      Creo que no me dejo nada. Un fuerte abrazo.

      • Creo que, en el fondo, ambos estáis de acuerdo en lo esencial: el sistema falla. Y probablemente donde lo hace es en el establecimiento de objetivos, esos de los que habláis vosotros. Yo entiendo la educación como una ayuda para el desarrollo personal, con la obtención de conocimiento, valores y herramientas para la vida profesional y la personal. Exitosa claro, definiendo esto como que bastaría con que fuera satisfactoria para el individuo y para, ojalá, los que le rodean: compañeros, vecinos, empleados o empleadores. La familia tiene una responsabilidad en esa formación, transmitiendo valores y modelos de comportamiento, pero tiene un papelón tratando de influir a contracorriente sobre un modelo totalmente desfasado, obsoleto y hasta necio que invierte una sobredosis de horas al día en confundir a nuestros hijos. A mí que me perdonen pero cada día estoy más convencido de que hay que desmontar el sistema educativo entero y re-escribirlo pensando en el home-schooling y los recursos on-line a saco, y que la UNED pase a ser la cenicienta del cuento, en todos los niveles educativos, y que los maestros presenciales se parezcan más a los asesores profesionales y a los consejeros espirituales que a los de aquel modelo “la letra con sangre entra”.

        Sea como sea, es un placer leer a cualquiera preocupado por la educación entre tanto tsunami político-penal. ¿Nos daremos cuanta algún día de la importancia que tiene predicar con el ejemplo? Si el legislador no cumple, ¿quién cumplirá? El daño que provoca nuestra clase política en la educación de las siguientes generaciones es, a corto-medio plazo, irreversible. Ojalá esté equivocado y provoque lo contrario.

        Saludos.

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